Hay un lado no tan hermoso de la industria cosmética que está amenazando con destruir nuestro medio ambiente.

A pesar del avance de la tecnología y la investigación, hay algunos ingredientes en nuestros productos sanitarios que no sólo son peligrosos para nuestra piel, sino que también están dañando el planeta.

El problema con las microesferas

Canadá ya ha prohibido el uso de las microesferas en sus productos de higiene y el Congreso de Estados Unidos está pronto a seguir su ejemplo. El agente exfoliante, que está formado por pequeñas piezas de plástico que se encuentra en las pastas de dientes y jabones, está contaminando el agua.

“Las microesferas ciertamente están contribuyendo con los problemas ambientales”, dice Bruce Lourie, uno de los principales pensadores ambientales de Canadá y autor del libro Toxin Toxout.

Ellas son, según Lourie, “probablemente una de las cosas más estúpidas” que haya oído. “Las empresas obviamente hacen su diligencia debida, pero a veces no descubrimos los problemas hasta que los productos se han utilizado durante muchos años.

En el caso de las microesferas, sólo creo que es una completa ignorancia de parte de la industria el haber pensado que tiene sentido poner partículas de plástico en los productos de cuidado personal”.

A medida  que enjuagas tu piel, las microesferas se meten en las tuberías de agua y terminan en los ríos, lagos, océanos, y en última instancia, en el interior de peces y aves.

Pero no apuntes con el dedo a todos los productos de lavado porque no todos incluyen microesferas.

“Hay otros elementos abrasivos disponibles, tales como sílice (arena) o productos a base de sal de mar”, añade el experto, que explica que el paso de abrasivos naturales a las microesferas plásticas se remonta a tan sólo unos años.

No hay nada bello con los metales pesados

En las amplias filas de productos químicos que tienen su destino en los productos de belleza, los clientes estarían sorprendidos en saber que estos incluyen metales pesados, como el mercurio, el plomo y el cadmio.

Estas neurotoxinas son también conocidas como “químicos perturbadores endocrinos” (EDC; por sus siglas en inglés), que imitan hormonas y que son principalmente perjudiciales para nuestros órganos principales, especialmente el cerebro, el corazón y el hígado.

Según la OMS, se sospecha que los EDC están asociados con la alteración de las funciones reproductivas en hombres y mujeres, el aumento de la incidencia de cáncer de mama, patrones de crecimiento anormales y retraso del desarrollo neurológico en los niños, así como cambios en la función inmune.

“No es bueno tenerlos en su cuerpo, pero la mayoría de estos productos terminan siendo enjuagados de nuestros cuerpos y entran en nuestro sistema de agua, alterando así nuestros ecosistemas”, explica Lourie.

De hecho, el mayor daño es para los niños y mujeres embarazadas.

Cuando el antibacteriano se vuelve peligroso

Se utiliza en todo tipo de producto sanitario, como los desinfectantes, desodorantes, productos para el cuidado de la piel o jabones.

El agente antibacteriano triclosán suscita preocupación entre la comunidad científica, ya que puede conducir a la resistencia antibacteriana.

“En última instancia, cuando este tipo de agente se mete en el ecosistema, incluso en niveles muy bajos, puede tener efectos dramáticos en nuestros cuerpos y muy particularmente en el desarrollo de un feto o un niño pequeño”, dice Lourie.

“La preocupación es que sólo se necesita una pequeña cantidad para tener un efecto potencialmente dañino.”

La falta de regulación

Mientras que los alimentos y los medicamentos están estrictamente regulados por las autoridades, el mismo rigor aún no se ha visto cuando se trata de cosméticos, farmacéuticos y productos de higiene personal.

“Estas categorías son las menos reguladas y tienen el menor etiquetado, así que es muy difícil saber cuáles son los ingredientes que en realidad los constituyen”, explica Lourie.

De hecho, las leyes de etiquetado no requieren que las empresas enlisten todos los químicos específicos que utilizan. En el caso de un perfume, lápiz labial o incluso una crema para la cara, pueden ser considerados como de propiedad, lo que significa que los ingredientes no tienen que ser revelados.

“Es un gran problema, porque entonces, literalmente, no sabemos lo que los productos contienen”, dice Lourie.

De la conciencia del consumidor a más esfuerzo por parte de las marcas

Con la gran cantidad de información disponible en línea, los consumidores ahora pueden encontrar fácilmente los ingredientes utilizados en sus cosméticos. Algunas certificaciones han sido creadas para ayudar a separar el grano de la paja.

“Estamos viendo a algunas marcas pequeñas de nicho haciendo un verdadero esfuerzo, pero también algunas grandes empresas como Procter & Gamble y Avon ahora están empezando a eliminar algunas de las cosas más nocivas de sus productos voluntariamente debido a la demanda de los consumidores”, dice Lourie.