La mayoría republicana de la Cámara de Representantes elige este jueves a su candidato para suceder al actual presidente, John Boehner, una votación para la que parte como favorito Kevin McCarthy, pero cuya confirmación posterior en el pleno está en duda.

Las tensiones sobre el futuro del liderazgo republicano en la Cámara baja se incrementaron este domingo después de que el congresista por Utah Jason Chaffetz, quien genera simpatías entre los ultraconservadores, anunciara oficialmente su candidatura.

Chaffetz retó así a McCarthy, actual "número dos" de la Cámara baja, y se sumó al legislador por Florida Daniel Webster, quien aspira también al cargo.

Mientras que para la votación interna de la bancada republicana que tendrá lugar este jueves solo son necesarios 124 votos para lograr la nominación (lo que hace previsible la elección de McCarthy), durante la votación del pleno de la Cámara se necesita un mínimo de 218 apoyos.

En este sentido, las candidaturas de Chaffetz y Webster pueden complicar las cosas a McCarthy pese a ser el sustituto natural de Boehner, a quien este ya ha dado oficialmente su respaldo.

McCarthy es, además, el candidato favorito para el aparato del partido.

Sin embargo, un grupo de cerca de 40 ultraconservadores anunció hoy que apoyará en la votación a Webster, lo que podría complicar seriamente la confirmación de McCarthy como presidente el 29 de octubre, ya que los demócratas darán su respaldo a una candidata de su partido.

El Caucus de la Libertad, que agrupa a esos congresistas cercanos al ultraconservador Tea Party, se reunió hoy a puerta cerrada para decidir su apoyo al congresista por Florida.

"Tenemos toda la intención de votar juntos mañana y también en el pleno", dijo hoy el legislador Jim Jordan, líder del grupo.

La decisión fue en parte sorprendente, ya que hasta ahora todo apuntaba a que el favorito de este grupo de legisladores era Chaffetz.

El congresista por Utah aventuró el domingo, cuando anunció su candidatura, que McCarthy no obtendría los votos suficientes en la votación final, aludiendo a que los más conservadores en el Congreso le habían pedido personalmente que se presentara para tener una alternativa al "número dos".

Con los demócratas votando por la líder de su minoría, Nancy Pelosi, para ser la presidenta, pese a saber que no obtendrá los votos suficientes, si el Caucus de la Libertad no vota por McCarthy, es posible que ningún candidato obtenga los votos necesarios para ocupar el cargo.

En tal caso, Boehner tendrá que seguir ejerciendo forzosamente, aunque su fecha de renuncia estuviera fijada para el 30 de octubre, hasta que se vote por su sucesor.

Tampoco han ayudado a McCarthy unas polémicas declaraciones que hizo hace unos días sobre el Comité Especial del Congreso para analizar el ataque de Bengasi (Libia), al vincularlo a la caída en las encuestas de la precandidata presidencial demócrata Hillary Clinton.

Así, el "número dos" de la Cámara baja contradijo a los grandes defensores del comité, en su mayoría ultraconservadores, quienes defienden su creación para poder aclarar lo ocurrido en aquel ataque de 2012 contra la sede diplomática estadounidense en esa ciudad libia.

Desde entonces, McCarthy ha tenido que rectificar sus palabras y reiterar en diversas ocasiones que el panel se centra en la búsqueda de la verdad sobre los ataques terroristas, pero la campaña de Clinton está lejos de permitir que sus declaraciones iniciales se olviden, lo que está empañando su imagen.

Por ello, el "número dos" tendrá que tratar de atemperar las preocupaciones de los más conservadores, quienes no creen que vaya a ser un defensor lo suficientemente firme de sus posiciones y, por otro lado, calmar a los miembros más tradicionales, quienes temen que su flexibilidad y su falta de disciplina con el mensaje del partido sean perjudiciales.

Por su parte, los demócratas temen que cualquier cambio después de Boehner implique una mayor influencia de los ultraconservadores en las decisiones de la Cámara y pretenden negociar con él antes de su salida al menos un plan presupuestario de dos años que evite enfrentamientos futuros y posibles cierres parciales del Gobierno.