A Wilkin Jiménez, de 36 años, la delincuencia motorizada lo “agarró de sorpresa”. El mes pasado, en el sector Manoguayabo, seis personas, en tres motores y con tres pistolas en mano, lo asaltaron para despojarlo de su motor; medio de transporte que usaba cada mañana en su trabajo como mensajero.

“Me quitaron el motor, la cartera con todos los documentos personales, todo, todo, todo. Licencia, seguro, tarjeta de cobrar, cédula, carné, el seguro de los muchachos de la familia, 2,500 pesos que había dentro y que eran para hacer un pago”, cuenta Jiménez.

Hoy, este hombre, quien afirma que luego de esta experiencia se quedó “con los nervios de punta”,  tiene que moverse en un motor prestado para continuar sus labores y poder saldar una deuda de RD$38 mil que aún debe de la motocicleta que le quitaron.

Jiménez reportó el hecho a las autoridades. “Fui a la policía, pero como siempre, nunca hacen nada”, resalta.

Para él, y para muchos otros que han vivido la misma experiencia, caminar por las calles del país es motivo de preocupación y miedo. “Ando con más cuidado pero inseguro porque ya pasé el primer susto y no quiero el segundo”, reitera Jiménez, con serena incomodidad.

Cientos de esos robos y atracos los realizan individuos que se desplazan en rápidas motocicletas, por su facilidad para huir de la escena. La tendencia no sólo causa pánico en conductores y peatones, sino además un daño moral a quienes a diario se desplazan en motos. El celo policial es mayor sobre los motoristas, aun cuando quienes usan este medio de transporte para robar son los menos, si se toma en cuenta que en el país hay un millón 803 mil 328 motocicletas, según el boletín 2014 de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

La víctima luego del asalto

“Las secuelas psicológicas de un asalto van a variar de acuerdo con varios factores: la personalidad de la víctima, su historia, recursos personales, las circunstancias del asalto y la respuesta familiar, comunitaria y social frente al mismo”, explica a Metro la psicóloga Miguelina Justo.  

La especialista en conducta humana describe que “cuando la víctima del asalto ha percibido que su integridad física ha estado comprometida y ha sentido temor ante ello, puede que presente síntomas como ansiedad, que se manifiesta por irritabilidad, inquietud, pobre concentración, o respuestas exageradas de sobresalto. Además –según la experta– puede reaccionar como si estuviera reexperimentando la situación a través de pesadillas y pensamientos.  

Justo también asegura que las víctimas de asaltos podrían perder la sensación de seguridad necesaria para transitar y vivir con cierta libertad.  “Quizás esto es lo más preciado que las víctimas pierden”, resaltó. Sin embargo, subrayó que hay quienes salen a camino y logran superar este tipo de situaciones.

“El apoyo familiar, comunitario y social son importantes, ya que la adecuada respuesta de protección de estos elementos puede contribuir a la recuperación y más aún a que las víctimas atribuyan nuevos significados a sus vidas, y se digan a sí mismos y a los demás, ¡Yo sobreviví y puedo ayudar a otros a que lo hagan!”, destaca.

Perfil de un sospechoso

Un oficial policial, que no quiso identificarse por falta de autorización, afirma que al momento de interceptar a un motorista se toma en cuenta la zona donde transita. “Tú identificas a un delincuente por su actitud, que no es la misma que la de los demás”.

También describe que “por lo regular es en las noches que la Policía hace esos operativos” de requisa y puso el ejemplo de “un delivery que circula en las proximidades de un punto de droga; es posible que el agente lo detenga por parecerle sospechoso”, a diferencia de un motorista que va y viene de la parada que es su puesto de trabajo.

Para este “comportamiento desviado”, como definen los psicólogos, el motor se ha convertido en la mejor herramienta y la de más fácil acceso, de manera especial las motocicletas RX 115, por poseer una velocidad por encima de los 150 kilómetros por hora.

Trabajadores confundidos

A Rosario Abreu, presidente de la Asociación de Motoconchistas Avenida 27 de Febrero con Defilló, con 20 años en este oficio, no lo han confundido con ladrones “porque cuando me paran yo se lo pongo claro y le digo, yo soy un hombre de trabajo. Le pregunto ‘¿usted me ha visto a mí fichado algún día?’”.

A Juan Valdez, motoconchista de 30 años de edad, lo paran a diario, según dice, porque anda en un motor. “Ellos nos consideran a todos como delincuentes, pero los verdaderos delincuentes son ellos”, expresa de manera enfática.  

“Normalmente, piden papeles pero tú sabes que el motorista nunca tá completo. Te dicen que con o sin papeles vas para el destacamento y si tú no tienes dinero es para allá que vas (…) No es que te piden dinero, es que el motorista tiene que andar con 100 pesos para regalárselos a los policías. Lamentablemente, esa es la verdad”, sostiene.

Anderson Hernández, motorista en el sector Los Ríos, coincide con Valdez. “Ellos no piden papeles; tú les enseñas los documentos e igual tienes que darles sus 100 pesos. Si tú no los das, te jodiste. Yo estoy trabajando para los policías”, afirma.

Percepción

Ante la pregunta, ¿qué sientes cuando vas caminando por la calle y se te acerca un motorista?, formulada en Twitter con el hashtag #MetroRDenMoto, los usuarios coincidieron en que sienten miedo inmediatamente escuchan el ruido de un motor.

“Frustración total; busco dónde entrar u orillarme”, publica Oscalina Castillo.

Para Hailer Tomás Herrera, también tuitero, la sensación es de “pánico” al igual que Luicell Abreu a quien de inmediato “se le acelera el corazón”.

Mientras que para Ángel Beato en ese mismo momento “se arma el juidero”, a Gregorio Felipe lo primero que le llega a la mente es “Me jodí; ya me van a atracar”.

Imprudencias

Con el paso de los años, cada ciudadano dominicano tiene una percepción muy particular de los motoristas.  Algunos pasajeros los consideran personas de trabajo que llevan a las personas a esos lugares donde no llegan los vehículos, mientras que otros prefieren no confiar en ninguno porque “se disfrazan de motoconchos, mensajeros y deliverys para parecer personas comunes y realizar sus fechorías”.

También se añaden a estas percepciones –viciadas o no– los conductores, quienes coinciden en que los motorizados de República Dominicana “salen de la nada”. Este es el caso de Henry Ferreras, taxista, quien define a los motoristas como “individuos de cuidado que se han convertido en una plaga del transporte debido a que no respetan nada”.

“Otra percepción errada que se tiene es que el motorista tiene la razón. Un motorista te choca una puerta y normalmente el mismo agente de AMET (Autoridad Metropolitana de Transporte) induce a que seas tú quien le pague al motorista, aunque él no tenga placa, no tenga licencia ni tenga seguro; sin embargo, yo la tengo y él me obliga a mí a que yo me haga responsable de ese motorista y que entre en un acuerdo con él, donde la ley dice que en cada accidente se toman los documentos correspondientes porque un motor es un vehículo normal, como cualquier otro”, describe Ferreras.

“Para nadie es un secreto que todos los espejos retrovisores del mundo son los motoristas que los rompen. No eres tú que los chocas. A veces te lo rompen con el codo y entonces después que te lo rompen, no se paran ni nada, siguen normal,  como quien piensa ´eso no me afecta`”, expresa este  conductor, quien desde hace casi 10 años circula en las calles del Gran Santo Domingo y afirma que “los motoristas nunca tienen un carril. El contén, la acera, el medio y la raya amarilla, son sus carriles”.

Seguridad Ciudadana

Aunque en agosto de este año, la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet) y la Oficina de Técnica de Transporte Terrestre (OTTT) acordaron poner en marcha un plan para regular a los usuarios de motocicletas (mensajeros, deliverys y motoconchistas) con el objetivo de identificar a delincuentes motorizados con mayor facilidad, los robos en las vías públicas continúan a la orden del día; mantienen a la población atemorizada y en una constante ansiedad.

Según el boletín enero–septiembre 2015 del Observatorio de Seguridad Ciudadana de República Dominicana, las vías públicas y las residencias continúan siendo los lugares en los que se produce mayor cantidad de robos.

De cuatro mil denuncias por robo registrada en estos meses, alrededor de 2,619 ocurrieron en la vía pública, según esta estadística.

En estas mismas calles, escenario perfecto para los delincuentes motorizados, las autoridades del orden tienen distribuidos 16,200 agentes (policías y militares) para garantizar, en estas fiestas navideñas, la seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, residentes de diferentes sectores de esta capital afirman que no han visto la presencia policial en las calles, pasada ya una semana de este operativo llamado “Paz en Navidad”.

En un recorrido por diferentes sectores de la capital Metro constató que en escasas avenidas se observan agentes; sin embargo, en el pulmón de las zonas más vulnerables a la problemática social de la delincuencia siguen desprotegidos.