Para algunos, la ciencia y la literatura van en vagones diferentes. Ese no es caso del doctor Mario Molina, premio Nobel de Química (1995), que se encuentra en Puerto Rico para formar parte del VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), que se celebrará en el país hasta el 19 de marzo.

Para el profesor mexicano, reconocido con el Nobel por su trabajo sobre la amenaza a la capa de ozono causada por los gases de clorofluorocarbonos, la ciencia es una expresión que da cabida a la creación artística en múltiples direcciones.

En 1995 recibió el Premio Nobel por sus investigaciones respecto a la amenaza a la capa de ozono. ¿En qué estado está esa amenaza 20 años después?

Por fortuna, el Premio Nobel fue por haber advertido y después haber trabajado con la comunidad científica para comprobar que algo serio le estaba pasando a la capa de ozono. Hubo un acuerdo internacional, el protocolo de Montreal, con el que a través de Naciones Unidas todos los países del mundo acordaron dejar de producir estos compuestos.

El problema prácticamente se resolvió. Lo que pasa es que los compuestos emitidos en el siglo pasado, los clorofluorocarbonos, duran muchas décadas en la atmósfera. Ya se está recuperando la capa de ozono. Todavía faltan décadas para que se recupere la capa de ozono. Pero las observaciones científicas indican que al dejar de emitir estos compuestos el problema se está resolviendo, y hay que asegurarnos de que no se emitan otros compuestos.

El mundo pareció tomar una vuelta hacia la conciencia ambiental a mediados de la década del 2000. ¿Han funcionado las políticas ecológicas globales?

Para la capa de ozono sí, porque ya se pusieron de acuerdo los países con una agenda de algunos países en desarrollo para continuar unos años más. El problema que tenemos es global, que, aunque es distinto, tiene muchas conexiones, y son los efectos del cambio climático.

Hablando del cambio climático, ¿a qué cree que se le deba prestar mayor atención en los próximos años?  
El problema del cambio climático es el más serio que ha enfrentado la humanidad. Por fortuna, hay algunos indicios de que la sociedad finalmente está empezando a entender, por el acuerdo de París en el COPE 2015. Ese acuerdo es un paso importante para resolver el problema.

Hay quienes piensan que hacer proyecciones sobre el destino ambiental del mundo se ha vuelto demasiado apocalíptico. ¿Cree que se ha sobredimensionado el llamado?

Tomemos el caso del partido republicano de Estados Unidos. Con el presidente Barack Obama, con quien trabajo como miembro de su consejo, él está haciendo todo lo que puede sin el Congreso. Por eso tuvo éxito el acuerdo de París.

La comunidad científica está de acuerdo en que, si no se toma ninguna medida, habría consecuencias desastrosas y no es por tratar de ser apocalípticos. Cuando hay un problema serio es absurdo decir que, por no ser apocalípticos, mejor no se comunica a la sociedad. Los únicos que no están de acuerdo son algunos políticos que niegan el cambio climático. Está claro que aquí ya no es ciencia, sino economía.

¿Cree que las plataformas que están presentado los aspirantes republicanos y demócratas a la presidencia de Estados Unidos van dirigidas a ese objetivo que ha llevado Barack Obama?

Los aspirantes demócratas sí. Hillary Clinton ha hecho declaraciones de que continuaría con las medidas necesarias. En cambio, los republicanos, no. Si haces una encuesta, solo un 15 % de la población niega el cambio climático, y, curiosamente, ese porciento es republicano.

¿Cuáles son los riesgos que corre Estados Unidos de no darle continuidad a esta política?

El riesgo que asuma afectará a todo el planeta, porque Estados Unidos sigue siendo la economía más importante. Ya no es el país que emite más, China ya le ganó, pero sigue siendo la economía dominante. Si Estados Unidos se niega a tomar medidas, sería desastroso para sus futuras generaciones. Ese es un riego inaceptable.

¿Cree que se pueda llegar a un balance entre conciencia ambiental y capitalismo?

Por supuesto. Ese fue el primer paso que se comprobó en París en 2015. Lo que sería prudente es adoptar medidas todavía más drásticas, y eso toma tiempo. Los economistas que estudian esto [dicen] que se puede hacer a un costo muy moderado y que no afecte a la sociedad de manera negativa con falta de empleo.

Imagino que todas las regiones del mundo tienen sus retos. Pero ¿cuáles son los principales retos ambientales que enfrenta América Latina?

Los retos son globales con el cambio climáticos. Pero en América Latina, en particular, contribuye una de las preocupaciones. Por ejemplo, en Brasil, que tiene el Amazonas, el pulmón del planeta, que se esté desforestando.

Aunque Brasil ha tomado medidas para disminuir esas actividades, todavía se puede hacer más. El otro reto, conectado con el cambio climáticos, es el de calidad de aire. Con eso sí tenemos problemas serios en algunas de nuestras ciudades de América Latina. Sao Paulo, la Ciudad de México, que está en un valle y Santiago en Chile… Aunque se han tomado medidas para reducir las emisiones, todavía hay más por hacer.

Llega a Puerto Rico en el marco del CILE 2016. ¿Cómo se mezcla la lengua y la ciencia?

Hay varios aspectos. Uno muy importante es comunicar la ciencia al público. Los científicos habíamos hecho muy mal trabajo. Los científicos tenemos que aprender a comunicarnos mejor. Un segundo punto es la ciencia en español para incrementar el desarrollo económico. En Latinoamérica en general estamos retrasados en esos aspectos.

¿Cree que se puede escribir literatura a partir de la ciencia?

Sí. Ese punto es interesante, la conexión entre ciencia y cultura. Tenemos artistas en todo el plantea que están interesados en temas ambientales. Hay conexiones importantes, expresiones artísticas en la pintura, literatura y música. Con todo se puede conectar porque es parte de nuestras preocupaciones humanas como sociedad.

¿Quién es Mario Molina?

•    Primeros estudios. Ingeniería química en la Universidad Nacional Autónoma de México (1965)

•    Reconocimientos. 40 doctorados Honoris Causa.

•    Premios. Premio Tyler de Energía y Ecología en 1983, Premio Sasakawa de las Naciones Unidas en 1999 y Premio Nobel de Química en 1995.

•    Trabajo. Forma parte del Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del presidente Barack Obama