A San Cristóbal parece que le “cayeron los palitos”. Además de que sus calles están sumergidas en basura, esta ciudad cuenta con un mercado lleno de insalubridad y desorden.

Tras un recorrido por el lugar, Metro pudo observar las precarias situaciones en que día a día se desenvuelve el comercio, así como la problemática que enfrentan los buhoneros, quienes se niegan a ser trasladados a otro lugar.

Un día de compras

El ramo de verdura estaba sucio de tierra sobre un saco partido a la mitad; de su lado izquierdo varias “pilitas” de tomates Barceló, divididos estratégicamente entre verdes, maduros y podridos; a su lado derecho un lodazal, producto de las aguas ensangrentadas de la carnicería del frente.

Juana (nombre ficticio) inocente de las cantidades de bacterias que ese vegetal puede contener, se inclinó y, luego de preguntar el precio, tomó el ramo que a sus ojos parecía menos marchitado.

Esta ama de casa sancristobalense continúa su día de compras y tras saltar la acera llena de plumas y sangre de la pollera, encuentra las berenjenas, tayotas y zanahorias, esta vez sobre una meseta de al menos 30 pulgadas de altura; en la parte inferior un perro se muerde las pulgas y con su pata trasera intenta quitarse una garrapata de su oreja derecha.

Juana parece pasarlo por alto; pide tres berenjenas grandes, una pila de tayota, dos libras de zanahorias, una que otras viandas y se marchDe camino a casa, está mujer toma un motoconcho en la esquina, el cual sale patinando entre los víveres y vegetales podridos, las fundas plásticas, platos desechables y el omnipresente lodo.

Hoy Juana fue la protagonista de esta historia, pero ella no es la única, es una las tantases que acuden al “mercado” de San Cristóbal para, en medio de la contaminación portadora de enfermedades, adquirir los alimentos para el sustento de sus familias.

Nuevo mercado sin uso

En situaciones similares se desenvuelven diariamente los comerciantes de este mercado, con tal de no ser traslados al “mercado nuevo”, construido en el sector Canastica, durante la gestión del alcalde José Montás e inaugurado en 2010.

El Mercado Don Abelardo Liriano tiene un área que sobrepasa los 30 mil metros cuadrados, fue edificado a un costo superior a los 200 millones de pesos, inversión que ha servido de nada, porque el edificio permanece vacío.

Buhoneros opuestos al traslado

La razón: los buhoneros se mantienen renuentes al traslado, pues aseguran que el Abelardo Liriano está muy lejos y que los clientes no irán a comprar, lo que se traducirá en bajas ventas y pérdidas económicas.

Leoncio Pinales Cabral, uno de los comerciantes del mercado, manifestó a Metro, en nombre de los mercaderes del lugar, que no quieren ser trasladados porque nadie va ir a comprarles y que como consecuencia sus hijos morirán de hambre.

Dijo que el alcalde saliente, Raúl Mondesí les prometió que no los trasladaría, sino que los organizaría y mejoraría las condiciones en que ofertaban sus productos a los consumidores, pero que no ha sido así.

El compromiso del alcalde electo

En busca de una solución que acabe con la insalubridad del mercado y garantice continuidad en las ventas, el alcalde electo, Nelson Guillén, prometió que la ciudadanía tendrá transporte, seguridad e higiene para adquirir sus productos en el mercado nuevo.

Sobre el rechazo de los comerciantes a la reubicación por miedo a que las ventas mengüen, Guillén indicó que ya hizo contacto con el sindicato Unachosín, cuyos afiliados han ofrecido ofrecer el servicio de transporte.

Pero el comerciante Pinales Cabral, quien lleva varios años laborando en el mercado, sostuvo que si intentan sacarlos “habrá muchas muertes a partir del 16 de agosto”.

Renuente al cambio

“Si intentan sacarnos de aquí, va a haber muchas muertes a partir del 16 de agosto” Leoncio Pinales Cabral. Comerciante en el mercado municipal de San Cristóbal.