Si en la medianoche entre el miércoles y el jueves, Cristina se “convirtió en calabaza”, a mediodía de ayer Mauricio Macri se transformó en el quincuagésimo primer presidente de Argentina. Por primera vez en 99 años asumió el cargo alguien fuera del peronismo justicialista y de la Unión Cívica Radical; este último es parte de la alianza Cambiemos, con la que llegó Macri al poder, pero el expresidente de Boca Juniors es el fundador de Propuesta Republicana (PRO).

Nada de lo que se temía que podía suceder, pasó. La ya expresidenta Cristina Fernández no asistió a la ceremonia de investidura, algo que ella misma había confirmado ayer.  En cambio, cinco de los diputados afines al peronismo sí asistieron a la investidura. Entre ellos, el excandidato presidencial Daniel Scioli, quien si bien representó al kirchnerismo en las últimsa elecciones, los rumores de su distanciamiento con Cristina fueron una constante durante la campaña.

“Yo, Mauricio Macri, juro por Dios, nuestro Señor y estos Santos Evangelios, desempeñar con lealtad y honestidad el cargo de presidente de la Nación, y observar y hacer observar con fidelidad la Constitución de la Nación argentina. Si yo no lo hiciere, que Dios y la patria me lo demanden”, fueron las palabras que pronunció frente, finalmente, a representativos de todos los colores del espectro político trasandino y frente a casi todos los mandatarios de los países latinoamericanos. Uno que faltó fue Nicolás Maduro.

Lo que si era preocupante era el posible encuentro entre partidarios del kirchnerismo y el ya llamado macrismo, pero finalmente el día fue tranquilo en Buenos Aires.

Tono conciliador en el primer discurso

Macri prestó juramento en el Congreso de Buenos Aires cerca del mediodía de ayer, y luego se dirigió, como él quería, por una Avenida de Mayo que lo ovacionó a gritos de “sí se puede” y “viva Argentina”, hacia la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, palacio de gobierno. “Y la patria me lo demande”.

A esas palabras se aferra el kirchnerismo de Cristina Fernández, quien anteayer en la Plaza de Mayo habìa prometido hacerle fiera oposición al gobierno de Macri durante los próximos cuatro años.

En el mismo escenario, pero con los colores opuestos, Macri recibió, finalmente de manos del presidente provisorio por algunas horas y titular del Senado, Federico Pinedo, el bastón de mando y la banda presidencial.

“Queremos el aporte de todos, de la gente que se siente de izquierda y de derecha, de los peronistas y antiperonistas, de los jóvenes que se siente en la edad de los cambios y de los más mayores con experiencia”, dijo Macri en su primer discurso como presidente desde el mismo balcón en el que solían hablar Juan Domingo Perón y luego su esposa Evita. El mismo desde el que Cristina siempre se negó a hablar, por ser “el balcón de Evita”.

Y el mismo donde Macri bailó ayer una cumbia muy popular en la década de 1990, de la fallecida Myriam Alejandra Bianchi, “Gilda”. “Voy a ser implacable con aquellos de cualquier partido o filiación política, sean propios o ajenos, que dejen de cumplir la ley. No habrá tolerancia con esas prácticas abusivas”, agregó durante un discurso de unos 25 minutos.

LLamado para América Latina

El tono conciliador del discurso de Macri no solo se reservó para cuando habló de la política interna del país, sino que también de la externa, en específico sobre la relación con el resto de los países de Latinoamérica.

Frente a casi todos los líderes latinoamericanos el exrey Juan Carlos de España y ocho presidentes latinoamericanos (Michelle Bachelet de Chile, el ecuatoriano Rafael Correa, el colombiano Juan Manuel Santos, el boliviano Evo Morales, la brasileña Dilma Rousseff, el uruguayo Tabaré Vázquez, el peruano Ollanta Humala y el paraguayo Horacio Cartes), el nuevo presidente afirmó que llega al país una visión de la política que buscará la unidad y la cooperación de América Latina y del mundo sin prejuicios ni rencores.

“Somos hijos de este tiempo y tratamos de comprenderlo sin prejuicios ni rencores. Creemos en la unidad y la cooperación de América Latina y del mundo, en el fortalecimiento de la democracia como única posibilidad para superar las confrontaciones”, dijo.

Macri ya había anunciado que la política exterior sería uno de los ejes de su gobierno, principalmente en el trabajo de las relaciones con sus vecinos.

Con Uruguay, por ejemplo, las conversaciones están bloqueadas desde hace años.

“Convoco a todos a aprender el arte del acuerdo. (...) Quiero ser el presidente de la integración y la colaboración entre distintos sectores, el presidente del trabajo en una Argentina unida y de pie”.