Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Guatemala, Costa Rica, Colombia, Cuba, Guayana Francesa (Francia), Guyana, Honduras, México, Nicaragua, Perú, Panamá, Surinam, Uruguay y Venezuela firmaron una declaración en la que piden a gobernantes de todo el mundo que se comprometan a incluir las áreas protegidas como parte del esfuerzo para combatir el cambio climático.

Esto, por supuesto, supondría un apoyo económico, científico y social a 13% del planeta, que es el espacio al que equivalen las áreas protegidas en el mundo (es decir, 1949 regiones solo en Latinoamérica).

Se espera que de todas las decisiones tomadas durante la COP21, los países se comprometan a apoyos serios a las áreas protegidas, sobre todo en regiones como Latinoamérica, donde no todas las naciones cuentan con los recursos suficientes y necesarios para delimitarlas y administrarlas como se debe.

Por ejemplo, Colombia firmó este martes en París, en el marco de la Cumbre del Cambio Climático, un memorando de entendimiento para conseguir recursos y unir esfuerzos para lograr 3.5 millones de áreas protegidas en el país (2,5 millones de ellas antes de 2018 y que incluyen la creación de ocho nuevos parques naturales).

En la firma estuvieron el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible; Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN); la Fundación Gordon y Betty Moore, la WWF, el Fondo para la Biodiversidad y Áreas Protegidas, Wildlife Conservation Society (WCS) y Conservación International (CI).

Todos ellos se comprometieron a estudiar, por ejemplo, cuánto dinero falta para la creación de los nuevos parques, de dónde saldrían esos recursos y qué se necesita para cuidarlos y mantenerlos.

“Estos aliados están haciendo su primera apuesta firmando este memorando de entendimiento, para poner en el mediano plazo en un fondo, recursos para cerrar una brecha financiera importante y consolidar ese sistema nacional de áreas protegidas”, explicó Julia Miranda, directora general de Parques Nacionales de Colombia.

En el caso de Colombia la tarea no ha sido fácil. Muchas de estas futuras áreas hasta hace poco estaban en manos de grupos armados ilegales. Ese es el caso del Perijá, la Serranía de San Lucas y algunos sitios del Orinoco.

Pero no es el único. Según Francisco Prieto, director de Biodiversidad de Ecuador, ese país también está lleno de retos. Uno de los principales es proteger sus espacios naturales en riesgo de amenazas humanas (reto que enfrentan varios –si no todos– los países lationamericanos): la tala ilegal (es lo que más impacta el cambio climático en nuestra región), el tráfico ilegal de fauna silvestre, la minería ilegal, la pérdida de ecosistemas naturales y lograr con las comunidades locales una estrategia de gobernabilidad que permita que ellos vivan, pero que al tiempo se conserven los ecosistemas naturales.

¿Para qué?

Los científicos están convencidos de que las áreas protegidas y los parques naturales ayudan a mitigar los efectos del cambio climático de una forma altamente eficiente. Con la lupa sobre estos espacios, no solo se conseguirán millonarias sumas de dinero –a futuro– para protegerlos, sino que se tendrán unos recursos de adaptación en contra de algo que parece inevitable: que el planeta se caliente.

“Las áreas naturales capturan carbono, regulan el clima y nos protegen de los fenómenos meteorológicos extremos. Al mismo tiempo, son hogar de una biodiversidad única cuyo valor necesita ser visible al mundo entero”, explicó Pablo Viera, viceministro de Ambiente de Colombia.

“Perdemos el equivalente a una cancha de fútbol de la Amazonía diariamente”

Tarcisio Granizo, director de la Estrategia de Áreas Protegidas de la Iniciativa Amazónica de la WWF, explicó a Metro por qué es importante declarar áreas protegidas en los países.

“Porque nunca las áreas han sido consideradas como solución. Es la primera vez que traemos una declaración de este tipo. Las áreas protegidas nos permiten tener una barrera protectora al cambio climático”.

¿Hay algo que la gente pueda hacer en beneficio de la Amazonía?

Una cuarta parte es manejada por pueblos indígenas y una cuarta parte está en áreas protegidas. Esto es casi la mitad de la Amazonía bajo algún cuidado especial, lo cual es bueno.

Lo importante es que la Amazonía es un regulador climático, ya se sabe que la Amazonía no es un pulmón (el plancton marino es más importante), pero lo que sí es importante es que es un regulador del clima y un capturador del carbono, uno de los gases que está causando el cambio climático.

La Amazonía es así una ayuda de prevención al cambio climático. Lo que no podemos permitir es que esa “máquina” se detenga.

¿Cuáles son las principales amenazas?

La deforestación es una de las más críticas: ya sea por avance de la frontera agropecuaria, por colonización incontrolada… Nosotros no abogamos por una Amazonía sin gente, es más, la Amazonía tenía más gente hace 500 años de lo que tiene ahora.

Lo que queremos es promover un desarrollo sostenible de la Amazonía, en el que haya una armonía entre el desarrollo de la gente y la sostenibilidad.

Tampoco hablamos de no tocar la Amazonía, ni de no explotarla. Sino de hacer un acuerdo social, para que la gente pueda hacer uso, sin destruir.

¿Cuántas hectáreas desaparecen de Amazonía, como promedio?

Una cancha de fútbol diaria.