El voto a favor de la apertura de juicio político contra Dilma Roussef convirtió en el hombre fuerte de Brasil a Michel Temer, el hasta ahora vicepresidente. Frío, calculador y con una gran experiencia política, Temer supo aprovechar el poder que tejió entre bastidores durante décadas para saltar a la Presidencia de Brasil en el lugar de quien fuera su aliada y le abriera las puertas del Gobierno.

Para ello, el partido que él preside (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), de ser aliado al Gobierno, se convirtió en opsición y dio los votos ne-cesarios para suspender a Dilma por 180 días y dejar en el poder al vicepresidente, o sea, él.

Michel Miguel Elias Temer Llulia, abogado constitucionalista, católico y descendiente de una familia de origen libanés, apenas arrastra el 3 % de intención de voto, según las encuestas, pero ha jugado hábilmente sus cartas para ocupar, de momento de forma interina, el sillón de Rousseff.

A sus 75 años, el líder del PMDB, el más importante del país, asume el desafío de calmar el huracán político que ha desembocado en el impeachment contra Rousseff, mantener las alianzas que le han facilitado el ascenso al poder y, sobre todo, reconducir la economía y recuperar la confianza de la sociedad brasileña en su desprestigiada clase política.