Que el embajador de Estados Unidos en el país, James W. Brewster, promueva la instauración de una cámara de comercio para la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) reúne varias implicaciones negativas, a juicio de monseñor Víctor Masalles, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

Imposición de un poder extranjero y extralimitación de las funciones de un diplomático son algunas de ellas.  La otra, sostiene el prelado, es la discriminación en materia de comercio contra la población que no reúna determinada condición y preferencia.

La presentación de la nueva entidad será formalizada este miércoles a las 10:00 de la mañana en el hotel JW Marriot, de la capital.

¿Qué opinión le merece que el embajador de los Estados Unidos, James W. Brewster, promueva y auspicie una Cámara de Comercio LGBT?

La institución de una Cámara de Comercio LGBT es una realidad ajena a ese mismo instrumento de trabajo. Me parece que con esta iniciativa se pretende crear una plataforma en la que a nivel comercial y de desarrollo de negocios pueda favorecer de manera específica a esta comunidad; es lamentable porque no incentiva un ambiente comercial equitativo y de cierta manera puedo decir que hay incluso discriminación en el desarrollo de negocios en donde se excluye entonces a las entidades que no necesariamente concuerden con los lineamientos de esa comunidad.

¿Cree usted que esta Cámara tiene el objetivo de funcionar como una cabeza de playa para promover la agenda LGBT en el país?

Indudablemente, la Embajada de EEUU tiene entre sus objetivos el desarrollo de República Dominicana como destino de Turismo Homosexual, esto es algo que se ha planteado desde hace décadas.

Ciertamente esto es una forma de promoción e incluso de extorsión, pues ya se ha referido anteriormente el Embajador Brewster que en caso de nuestro país no abrirse al “turismo gay” se lesionaría la afluencia de turistas. Esta es una amenaza dirigida a un sector económico importante para nuestra economía.

La sociedad dominicana no desea un turismo exclusivamente LGBT en sectores específicos. Nuestro país recibe con su cálida hospitalidad a todos, incluyendo personas con atracción al mismo sexo sin que experimenten discriminación por su orientación sexual. Por tanto no se debe promover espacios exclusivos para este colectivo, donde se excluya a los demás.

¿Cree usted que el embajador Brewster va más allá de sus responsabilidades diplomáticas al promover esta Cámara?

Entiendo que sí. Se ha excedido en más de una ocasión en lo que son sus prerrogativas como embajador y esta es una de tantas. Es lamentable no solo el exhibicionismo inapropiado que ha mostrado, sino que irrespetando la Constitución de la República Dominicana pretende introducir a la fuerza un estilo específico de vida social, comercial, política ajeno a la Cultura Dominicana.

¿Representa una discriminación que exista una Cámara para servir a las personas en función de su orientación sexual?

Me parece que la existencia innecesaria de dos Cámaras de Comercio definitivamente separa a la sociedad comercial dominicana, impidiendo que haya un normal desenvolvimiento del mercado. Por tanto considero que en este sentido sí hay discriminación, pues se incentivará y favorecerá desde esta nueva Cámara el desarrollo de negocios que estrictamente coincidan con sus pensamientos.


En nuestra sociedad hay libertad de pensamiento y no recuerdo que hayamos tenido en el sector empresarial discriminación a este respecto. Esto es lamentable, sobretodo que lo haga alguien de fuera y que sea al margen de quienes tienen la responsabilidad de regularlo o impedirlo y no lo hacen.

¿Qué debe hacer la sociedad dominicana ante un acontecimiento de esta naturaleza?

Entiendo que en nuestra sociedad hemos sido muy pasivos con este tipo de imposiciones y es penoso.

La República Dominicana debe aprender a defender su propia soberanía y a pronunciarse cuando le sean impuestas cosas que no acepta. Nuestra sociedad muchas veces es muy permisiva con temas con los que no está de acuerdo; debemos aprender a usar los instrumentos cívicos a nuestro alcance para demandar el respeto a nuestra Constitución, que no es un pedazo de papel.