Nadia Murad es una chica delgada, tiene 21 años, aunque parece más joven, así que es natural preguntarle cómo imagina su futuro: “Una vez tuve un futuro, quería ser profesora de Geografía y abrir un salón de belleza, pero ahora, para mí y mi familia, no lo hay”.

Con un aspecto cansado, lleva el peso de todo el horror que ha vivido y sufrido, e incansablemente va contando por el mundo cada detalle –incluso, en el Festival de los Derechos Humanos que se realizó en Milán–, y espera que la comunidad internacional reaccione y ponga fin a la matanza que se da en la población yazidí, una minoría religiosa iraquí, en la cual, los verdugos de ISIS están furiosos con los “infieles”. Como Nadia ha denunciado ante la ONU: “El Estado Islámico ha transformado a las mujeres yazidíes en carne para la trata y usa la violación para destruirnos”.

Cuando en el 2014, las tropas del califato llegaron al pueblo, seis de sus hermanos y su madre fueron asesinados, mientras ella junto con otras miles de mujeres, fueron deportadas como esclavas sexuales a Mosul.  

Indescriptible sufrimiento: vendida a diversos milicianos, víctima de violación en grupo, lastimada y torturada. Tres meses más tarde, se las arregló para escapar, arribó a un campo de prófugos en Kurdistán y después llegó a Alemania, donde ahora vive. “Otros no lo han hecho, muchos han sido asesinados. Seis mil mujeres y niños yazidíes están secuestrados, quedan todavía tres mil 500 esclavos, pero ninguno hace nada por su libertad”.

En diciembre contó su terrible historia al Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, ¿sirvió de algo?

“No. Todos hacen promesas, ninguno se compromete realmente a derrotar a ISIS y a detener el genocidio de mi pueblo”.

También fue a Egipto y a otros países musulmanes para buscar apoyo del mundo islámico en contra de la visión distorsionada del islam sunita, el califato. ¿Ha encontrado apoyo?

“Fui a Egipto y a Kuwait, he pedido tres veces ir a Arabia Saudita pero me han rechazado. El único que se ha comprometido y me da un poco de esperanza es Al-Sisi, presidente de Egipto, quien me dijo que su primer objetivo es destruir al Estado Islámico”.

El gobierno iraquí la hizo candidata al premio Nobel.

“No me interesan los premios, sino hechos concretos para derrotar a los criminales de ISIS”.

Ella llevó su testimonio a 15 países, ha sido recibida por Jefes de Estados y líderes de los campamentos de prófugos. ¿Dónde encuentra la fuerza?

“Es muy duro para mí encontrar la fuerza porque veo mucha injusticia. Hace dos semanas regresé de un campo de prófugos del que también me fui y vi dolor, sufrimiento y muchas mujeres de luto: cada día mueren niños y cada día muchas de ellas son violadas. Encuentro ahí la fuerza para testimoniar esta injusticia que no termina. Porque sé que la justicia está de mi parte”.

¿Cómo calificas a tus captores?

“Yo no los juzgo, sólo cuento los hechos. Tal vez los odio, pero debe ser el mundo quien los juzgue”.

Datos

El martirio de los yazidíes

Los yazidíes son una comunidad religiosa muy antigua que entre otras cosas adora al ángel Pavo real. Esta etnia kurda es a menudo perseguida.

Desde 2014, el Estado Islámico avanzó en la región iraquí perpetrando masacres (se habla de 500 yazidíes enterrados vivos) y esclavizando a mujeres y niños. Miles de refugiados se concentraron en los campos del Kurdistán.