Un niño que tendría apenas entre 12 y 14 años de edad sería, según autoridades turcas, el autor del sangriento atentado ocurrido el sábado durante una boda que se celebraba en la ciudad de Gaziantep, una de las más importantes del país, y lugar de paso de refugiados que huyen de la guerra civil en Siria.

El ataque dejaba hasta ayer al menos 51 víctimas fatales.

Fue el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien señaló ayer que el principal sospechoso es un menor de edad.

El niño “se hizo estallar a sí mismo o portaba explosivos accionados a distancia”, explicó el jefe de Estado turco, quien citó hallazgos de investigadores que investigan el atentado y señaló que la acción habría sido cometida por el Estado Islámico (EI).

Hasta ayer, 69 personas permanecían hospitalizadas debido a las lesiones que sufrieron en el estallido, y 17 de ellas se encontraban en estado crítico.

Erdogan no perdió la oportunidad para mencionar el fallido golpe de Estado en su contra ocurrido el 15 de julio, al asegurar que los responsables del ataque del sábado serán castigados.

“Venga de donde venga el terror, eso no cambia nada para nosotros”, declaró. “Como nación, usaremos toda nuestra fuerza, unidos, de la mano, para luchar contra el terrorismo como hicimos el 15 de julio”, añadió.

La boda que fue escenario de la tragedia se celebraba al aire libre en un barrio de Gaziantep, y asistían a ella numerosos integrantes de la etnia kurda, cuyos milicianos enfrentan a las fuerzas del EI en Siria.

La pareja que celebraba sus esponsales sobrevivió al bombazo. La novia, Besna Akdogan, quien sufrió lesiones leves, se desmayó varias veces. “Han convertido mi boda en un baño de sangre”, exclamó. a la agencia de prensa Anadolu.

Según los primeros antecedentes, el terrorista suicida se mezcló con los invitados, entre los que había muchas mujeres y niños, y detonó su carga explosiva. Las fuerzas de seguridad turcas buscaban a dos personas que lo habrían acompañado y que huyeron tras el ataque.

“Cuando llegamos había una veintena de muertos”, cuerpos con “la cabeza, el brazo o las manos desperdigados por el suelo”, relató un testigo.

“Estábamos sentados en las sillas, yo estaba conversando con un vecino. Murió, se desplomó delante de mí durante la explosión. Si no hubiera caído sobre mí, yo también habría muerto”, describió.