Tristemente, en las últimas semanas, nuestra sociedad ha sido impactada por una “oleada” de suicidios e intentos de suicidio de gran proyección mediática, la cual podríamos decir que inició con el sonado caso del intento suicida de una adolescente en estado de embarazo. 

Posteriormente han ocurrido otros casos de igual exposición. Todo esto reúne las características del Efecto Werther, que  toma su nombre de la novela de Goethe “Las penas del joven Werther”, publicada en 1774 y muy popular entre la juventud de aquella época, que empezó a suicidarse de formas que parecían imitar la del protagonista.

En 1974 el sociólogo David Phillips demostró mediante estudios estadísticos que el número de suicidios se incrementaba en todo EE.UU. en días posteriores de que apareciera en las primeras páginas de los periódicos alguna noticia dedicada a un suicidio. El también llamado Efecto Copycat (imitador) tiene mayor probabilidad cuando el suicida es una persona famosa; un caso histórico es la epidemia de suicidios que siguió a la muerte de Marilyn Monroe.

En los casos ocurridos en nuestro país, lo que les da el penoso carácter de “celebridad” a estas personas es precisamente la alta exposición mediática en la prensa tradicional, sumado a la proliferación de las redes sociales que transforman en “reportero” a cualquiera que posea un celular y una cuenta de Twitter o Facebook.

Este “contagio” a través de los medios, por su cuota de responsabilidad, debe moverlos a reflexión por la forma en que deberían publicarse las noticias de suicidios para que no resulten tan potencialmente contagiosas.