Si eres una de esas personas que están obsesionadas con comprobar lo que compone la dieta diaria, podría ser que tienes un trastorno alimentario llamado ortorexia.

En esencia, la condición, descubierta en 1997 por el Dr. Steven Bratman lleva una alimentación saludable hasta el extremo, y está de alguna medida provocada por nuestra abrumadora preocupación cultural de comer limpio.

“Es una obsesión sobre la elección de los alimentos por su pureza, su limpieza o la falta de toxicidad”, explica Sondra Kronberg, terapeuta en nutrición clínica para Neda (la Asociación Estadounidense en Trastornos Alimenticios). “Este impulso por pureza e integridad a menudo incluye cierta comida especial como la col rizada o las semillas chía y excluye una gran cantidad de otros alimentos”.

La nutricionista agrega: “Cuando algunos de mis clientes van a un restaurante y no tienen lechuga orgánica, o zanahorias de la granja a la mesa, o comida vegana, simplemente no comen. Se cuidan a un grado que interfiere con la calidad de sus vidas y su capacidad de ser sociables. En última instancia, puede crear aislamiento”.

Es algo de lo que Jordan Younger, quien se hizo conocida a través de su exitoso blog “The Blonde Vegan”, tiene experiencia de primera mano. Una ferviente usuaria de las limpiezas a base de jugos, Younger se dio cuenta de que su estilo de vida limpio estaba controlando su vida.

“Yo había desarrollado muchos temores alrededor de los alimentos debido a mi muy estricta dieta vegana de origen vegetal, y me estaba poniendo cada vez más y más limitada en lo que me sentía cómoda comer”, dice ella.

“Incluso bromeaba sobre ello con mis amigos cercanos, llamando a ciertos alimentos, como los huevos, “alimentos de miedo” porque me había mantenido alejada de ellos durante mucho tiempo. Era fácil escon-derse detrás del escudo del veganismo. Cualquier cosa que no estaba completamente limpia, sin aceite, sin azúcar, sin gluten y con base en plantas lo descartaba porque no estaba dentro de la etiqueta de dieta que yo misma había creado”.

Al igual que la mayoría de los trastornos alimenticios, la ortorexia no se trata solo de lo que sí y no comes, pero sí de la cantidad de tormento que se produce dentro de tu cabeza.

“Cuando se inicia la eliminación de grupos enteros de alimentos, usted comienza a perder nutrientes, lo que puede causar daño físico al cuerpo. En casos extremos, puede experimentar pérdida muscular y de minerales”, dice Kronberg.

El hecho de que no sea ne-cesariamente un problema que amenaza la vida puede hacer que sea más difícil de detectar y aún más importante, de admitir.

“Yo estaba con un peso relativamente saludable”, dice Younger. “Mis luchas eran más internas y personales. Mi ortorexia afectó a mis amistades, relaciones, vida familiar, el trabajo, las pasiones (como la escritura y ejercicio) y más. Perdí mi período, que fue el mayor problema de salud para mí durante todo ese tiempo. Si hubiera seguido por ese camino, yo habría sufrido muchas más implicaciones para la salud”.

Estaba perdiendo cabello, y experimentó fatiga crónica, junto con varias otras deficiencias.
Por lo general, la ortorexia va de la mano con otros asuntos.

“A menudo es otra capa de algún trastorno de alimentación”, explica Kronberg. “No podemos decir que en realidad hay algo malo en tratar de comer tan puro y equilibrado como sea posible, pero cualquier persona que está genéticamente predispuesta a ser perfeccionista, con una tendencia a ser más rígida y obsesiva, es la más vulnerable. Personas con un cerebro ansioso se pueden estresar con los muchos mensajes de salud”.

A través de su proceso de recuperación, la bloguera que ha cambiado el nombre de su sitio a “The Balanced Blonde”, se dio cuenta de que era más frágil de lo que pensó al principio.

“He llegado a darme cuenta de que determinadas partes de mi personalidad son muy susceptibles a los patrones de trastornos alimenticios. Soy un tipo de persona muy del ‘todo o nada’. He estado en un ciclo de comer de forma restrictiva y comer en exceso durante años, pero el veganismo llevó mi restricción a un nivel completamente nuevo. Aprender acerca de todos los diferentes tipos de veganismo y dietas basadas en vegetales pasó de ser una pasión a una obsesión con bastante rapidez, que es cuando dio un giro hacia una ruta poco saludable”.

Ser capaz de poner una etiqueta en su condición fue un alivio para la joven, quien se dio cuenta de que no estaba sola y que podía recibir ayuda.

Su nuevo libro, Rompiendo con el veganismo: El viaje de una mujer desde el veganismo, dietas extremas, y ortorexia a una vida más equilibrada, es un libro de memorias que documenta su viaje con los alimentos a lo largo de toda su vida, que incluye algunos momentos muy bajos.

Cuando ella anunció públicamente que ya no podía seguir una dieta basada en vegetales, recibió una intensa reacción de la comunidad vegana.

“Hubo negatividad extrema y positividad extrema. Me quedé muy sorprendida por las reacciones en ambos extremos”, dice ella.

Younger recibió amenazas de muerte, pero ella también recibió varios miles de mensajes que la hicieron llorar. “Oír de niñas jóvenes que han estado en posiciones similares y tenían miedo de salir de la etiqueta vegana o de enfrentar su trastorno de alimentación hasta que leyeron mi mensaje ha sido el aspecto más gratificante de compartir mi historia”, admite.

Mientras que el movimiento pro-ana (la promoción de la conducta relacionada con la anorexia) en la década del 2000 fue sin duda el resultado de una visión distorsionada de belleza difundida por algunas revistas; ortorexia podría ser el nuevo problema del milenio.

“Los trastornos de la alimentación a menudo reflejan la cultura”, explica Kronberg. “En nuestra sociedad, nos volvemos cada vez menos religiosos. Tener un estilo de vida saludable se convierte en una manera de sentirse bien y santo. Comer bien y hacer ejercicio toma el lugar de la religión. Nosotros no vamos a la iglesia todos los días, pero vamos al gimnasio todos los días. Nos da un sentido de estructura y estabilidad. Por supuesto, como nutricionista, animo a la gente a comer sano, pero el problema es el grado en que tomas esto; comer sano no debe convertirse en tu identidad”.

Sin embargo, cuando la obesidad es un asesino de masas, convertir al comer limpio en un enemigo podría ser peligroso.

“No se trata de decirle a la gente que la salud no es saludable, pero decir ‘jamás le daré a mi hijo un donut’ no está bien. ¡Tienes que ser flexible”, dice Kronberg.

“En mi recuperación, he tratado de reorganizar mis pensamientos hacia la comida, sin ver nada como salir fuera de los límites, sino más bien como algo saludable, indulgente, algo que debe ser consumido con moderación”, antes de añadir: “Al final, se trata de aprender a solo ser.” Porque no, uno no es exactamente lo que come.