El papa Francisco pidió ayer en México no resignarse ante la violencia, en una misa que ofició en Morelia, una de las regiones más golpeadas por el crimen organizado y donde en 2008 tuvo lugar un terrible atentado que dejó muertos y heridos.

Francisco, de 79 años, celebró una misa al aire libre con sacerdotes, seminaristas y religiosos ante unas 22,000 personas en un estadio en la ciudad, capital del estado de Michoacán, unos 300 kilómetros al oeste de Ciudad de México.

“¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad?”, preguntó el papa.

“Frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio: la resignación, (decir) ‘¿y qué le vas a hacer?’, la vida es así. Padre, papá, abba: no nos dejes caer en la tentación de la resignación”, dijo Franciso al cierre de su homilía.

Muertos por el crimen

La última década ha dejado más de 100,000 muertos por la violencia de los carteles del crimen organizado en México. Morelia, anfitriona de la misa papal de este martes, vivió en 2008 un atentado que dejó ocho muertos y 100 heridos.

Francisco remarcó que no hay que resignarse a la violencia.

En el caso de la Iglesia, han sido asesinados 48 sacerdotes o religiosos desde 1990 y hay dos sacerdotes desaparecidos, según estadísticas del Centro Católico Multimedial. Michoacán figura entre los estados más peligrosos para los clérigos.

En Michoacán operan carteles de las drogas como Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana y Jalisco Nueva Generación. Hace unos días apareció otro grupo que se hace llamar La Nueva Familia.

Muchos jóvenes son reclutados por el crimen organizado, mientras que otros son víctimas de su violencia. Además, en 2013 surgieron grupos civiles armados de autodefensa, desde entonces disueltos, al menos formalmente, por las autoridades. El pontífice se dirigió en particular a los miembros de la Iglesia para pedirles evitar “atrincherarse” en la sacristía por miedo.

Después de la misa, el papa se trasladó a la Catedral de Morelia, en el centro histórico de la ciudad, en la misma zona donde ocurrió hace ocho años el atentado con granadas, atribuido al cartel de Los Zetas, en los festejos de la Independencia.

Las fuerzas de seguridad establecieron un gran cerco con varios filtros de control y detectores de metal. Según el gobierno de Michoacán, se desplegaron unos 3,000 elementos del Estado Mayor Presidencial, un cuerpo militar, y 2,300 policías.

En general, durante toda la visita de Francisco a México el ingreso a sus actos ha estado muy controlado y limitado a personas que contaran con boletos gratuitos distribuidos por las parroquias, salvo en los recorridos del papamóvil y el sábado pasado en el centro de Ciudad de México.

Encuentro con jóvenes

Por la tarde, Francisco tuvo un encuentro con unos 85,000 jóvenes en el estadio José María Morelos, donde escuchó testimonios y emitió un mensaje relacionado con la violencia.

El viaje de cinco días del líder de la Iglesia católica a México concluirá hoy en Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos.

Ahí visitará una cárcel, tendrá un encuentro con el mundo del trabajo y celebrará una misa binacional dedicada a los migrantes, a la que también están invitadas víctimas de la violencia.

Sin embargo, durante su viaje no está previsto que tenga audiencias particulares con grupos afectados por la violencia, entre ellos los padres de 43 estudiantes desaparecidos hace un año y medio en el sur del país que le habían pedido un encuentro.