Corinne Cochini, de 44 años, madre de dos hijos de Marsella, Francia, le cuenta a Metro su conmovedora historia, desde recibir la devastadora noticia de que tenía cáncer de mama en 2008 a la pérdida de su cabello, y la inmensa alegría de ganar la batalla contra esta enfermedad que amenaza la vida.

Diagnóstico

“Yo estaba en mi visita anual a la ginecóloga cuando ella se encontró con un pequeño agujero en mi pecho derecho.

“No me gusta eso”, me dijo.

Esa es una frase que recordaré siempre.

Después de ese momento, todo fue muy rápido.

La detección, la biopsia, la prueba de sangre... Fue desesperante. Unos 10 días después, se confirmó que tenía cáncer de mama. Me trataron de inmediato y apenas tuve tiempo para darme cuenta de la noticia y de asustarme”.

El tratamiento

“El equipo médico fue absolutamente increíble de principio a fin. Me trataron en Marsella, Francia. Comenzó con cinco meses de quimioterapia para reducir el tamaño del tumor. Reaccioné muy bien a la quimioterapia.

Tuve suerte porque nunca me sentí mal, pero fue agotador. Luego tuve una operación para extirpar el tumor. Y tuve suerte porque no tuvieron que hacer una mastectomía.

Tenía mucho miedo de eso. Un mes más tarde, empecé con la radioterapia para asegurarnos de que no habían células cancerosas restantes. Menos de un año más tarde, estaba en remisión”.

Informar a mi seres queridos

“Mi esposo y mis hijos –Laura, 14, Julien, 18– fueron una ayuda constante. Yo no me podría haber sentido más apoyada. Hablé mucho con ellos, mientras que todo el tiempo trataba de restarle importancia a la situación. Decidí no hacer una gran cosa de eso. Mis hijos no parecieron tener miedo porque yo no les mostré que estaba asustada, incluso con el pensamiento de la muerte en mi cabeza casi todos los días. “Cáncer” es una palabra terrible. En general, la experiencia realmente me acercó a mi familia, estábamos muy unidos”.

La cuestión del pelo

“La pérdida de mi cabello fue la parte más difícil para mí. Yo estaba tratando de poner las cosas en perspectiva, diciéndome que lo que realmente importaba era deshacerse del tumor, pero era muy difícil. Me costó mucho mostrar mi cabeza pelada a mi marido y mis hijos. Recuerdo una noche, mi hija estaba enviando mensajes de textos muy tarde, así que me salí de la cama y, por supuesto, se me olvidó ponerme “mi pelo”. Cuando vi su cara, ¡sabía que algo estaba mal! Además, nunca olvidaré la primera vez que volví a usar champú de nuevo en mi pelo de 2 mm”.

La recuperación

“Cuando me dijeron que el cáncer había desaparecido a finales de 2008, sentí una alegría increíble. Creo que te cambia, dejas de preocuparte por cosas sin sentido. Pareciera que fue hace mucho tiempo. No es un tabú, pero cuanto menos hablas de ello, mejor.

Quedó atrás, ahora, a pesar de que todavía me examino cada seis meses, lo cual es siempre un momento muy angustiante porque la recaída ocurre.

No tenía antecedentes familiares de la enfermedad, pero me estoy asegurando de que mi hija esté consciente de que nunca debe pasar por alto la visita anual al ginecólogo”.