El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump, presentó ayer su plan económico enfocado en la reducción de impuestos, la inversión en infraestructura y la renegociación de acuerdos de comercio internacional, poniendo a “EE.UU. primero”, a tono con el eslogan de campaña del empresario “Make America Great Again”.

Sin embargo, no todo es tan fácil como suena. De hecho, hablar de una “renegociación”, en muchos casos implicaría que EE. UU. se retire de los acuerdos y proponga nuevos tratados.

“Muchos de esos acuerdos no son renegociables, especialmente los acuerdos que se institucionalizan”, explicó en entrevista con Metro la doctora Mayra Vélez, experta en relaciones internacionales.

Trump criticó especialmente el Acuerdo de Libre Comercio firmado por Bill Clinton –esposo de la candidata demócrata presidencial Hillary Clinton– en 1993, que establece una serie de tratos comerciales entre Estados Unidos, México y Canadá.

El candidato republicano, de hecho, se beneficia de dicho acuerdo pues parte de su línea de ropa se confecciona en territorio mexicano, aunque Trump denuncia que ese tipo de acuerdos ha provocado que haya menos empleos en Estados Unidos y que sean otros países los que se beneficien de las empresas y compañías que establecen sus sedes en territorios fuera de la nación estadounidense.

“Eso es casi imposible de renegociarlo, a menos que él (Trump) decida retirarse”, indicó Vélez, añadiendo que no es menos cierto que el empresario neoyorquino conoce los problemas de producción que tiene Estados Unidos en términos de costos, por lo que las empresas, muchas veces mediante acuerdos firmados entre naciones se van a territorios como China y México, países que a juicio de Trump sacan más ventaja de los dichos acuerdos.

El candidato republicano a la presidencia presentó su plan en la ciudad de Detroit, en Michigan, una de las capitales de la industrialización estadounidense y sede de la industria automotriz del país. Pese a un rescate económico federal en 2008, Detroit se declaró en bancarrota en 2013 y sigue combatiendo una seria crisis económica que provocó una fuga poblacional, crecimiento de pobreza, desigualdad y una tasa de desempleo que ha alcanzado el 18 por ciento.

“Si uno ve los grupos sociales que lo apoyan, ese es precisamente el grupo que lo apoya, hombres trabajadores sin educación, de edad media que en algún momento tuvieron un trabajo que les permitía ser el ingreso principal de la familia o por lo menos tener una vida cómoda, y esos son los que se han visto afectados mayormente por la globalización y los acuerdos de libre comercio”, expuso la profesora del departamento de Ciencia Política de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras,
Las propuestas económicas de Trump, en términos de relaciones internacionales, son contrarias a lo que se conoce como la liberaliación comercial global y describen una serie de medidas proteccionistas que podrían traer “consecuencias nefastas” a EE.UU., dado que la nación estadounidense sigue siendo un gran exportador al nivel internacional.

Es decir, el hecho de que Trump, como presidente, busque renegociar acuerdos en los que la nación estadounidense sea la mayor beneficiada o la única, también podría tener como consecuencia que otras naciones impongan medidas proteccionistas que no favorezcan a Estados Unidos.

A tono con la renegociación de acuerdos, Trump propone reducir de un 35 % a un 15 % los impuestos a las empresas, como un incentivo para lograr que las compañías estadounidenses que producen desde otros países, regresen a EE.UU.

“La pregunta es, si una compañía que está pagando US$60 al año por un empleado, va a estar dispuesta a pagar miles para regresar a EE.UU.”, apuntó la profesora.

“Los impuestos no son el único factor relacionado con el asunto de cómo una empresa va a definir invertir o desde dónde producir; hay otras cosas como los costos de regulaciones –especialmente regulaciones laborales, regulaciones ambientales–, los costos del precio de la mano de obra, la productividad de la mano de obra y eso no se atiende simplemente bajando los impuestos”, expuso Vélez.

La experta también hizo hincapié en que detrás de los acuerdos y tratados de libre comercio están los intereses de compañías que impulsan las negociaciones y queda por verse si Trump cuenta con el apoyo de la clase empresarial para renegociar dichos acuerdos e incluso si una mayoría de ese grupo lo apoyaría en su candidatura a la presidencia. Sin dichos acuerdos, aunque no imposible, sería más difícil que las empresas estadounidenses pudieran invertir en otros países bajo los mismos términos, explicó Vélez.

De acuerdo con la profesora, hay distintas formas de acuerdos de libre comercio. Algunas son sobre el intercambio de mercancía, donde básicamente se le facilita a una compañía, estando en Estados Unidos, venderle productos o mercancía a otros países o regiones. Entre  esos acuerdos también está el estatuto que habla de la inversión directa, que es la capacidad de esa compañía de mover sus operaciones a otro país.

“Algunos países son mucho más flexibles y abiertos a esa inversión directa y otros no”, apuntó Vélez.

“El plan económico de Trump, a pesar de que tiene tonos de la derecha conservadora de Estados Unidos, también hay muchos elementos populistas que precisamente están acuñados por los movimientos obreros estadounidenses.

Trump está llevando parte de los mensajes de la izquierda hacia la derecha, así que también hay que ver cómo en el futuro va a debatir con Clinton en ese sentido”, expresó la profesora.