Este 2016, sobre todo con la victoria de Trump, deja en claro una cosa: el mundo idílico de las redes sociales no influye siquiera en el mundo real, donde mucha gente sufre injusticias, trabaja sin tener una vida digna y sobre todo, vota.

Porque todo esto mostró algo brutal: los Millennials no son los que cambian el mundo desde sus redes sociales. De hecho, ni siquiera han logrado algo al respecto. A diferencia de sus abuelos y padres, jamás salieron a marchar para presionar al sistema o siquiera, con su estilo de vida han impactado al resto de la sociedad.

No son ni remotamente como los hippies o los punks. No son revolucionarios, tal y como lo menciona Víctor Lenore en su famoso libro Indies, Hipsters y Gafapastas.  El consumo es su motor para diferenciarse, pero no hay nada más allá. Si quiera, una conexión con el mundo real que no es el suyo. Y eso se vio el domingo. Al resto del mundo no le importa ser como ellos.

Por esa razón, se explicaría por qué fracasaron al educarse como una generación tolerante que permitió que en este año ganaran ideas absolutamente conservadoras. Y por eso entrevistamos a Gustavo Prado, director de la agencia de tendencias Trendo.mx , quien pronosticó el gran triunfo de Trump un año antes.

Gustavo, ¿cómo supo que iba a ganar el Brexit, el “NO” en Colombia y ahora Trump?

Porque vivimos en la economía ficticia del “Planeta Tierra de los Ciudadanos de Internet”. Creemos que es el triunfo de la revolución tecnológica, pero apenas hay millones de personas que entraron a la Revolución Industrial. Hay trabajadores enojados por no trabajar en la industria automotriz porque se trasladó a México. Y que están en la Revolución Agrícola. Son rednecks de Utah produciendo trigo.

Todos creemos que la gente se dedica a ser Community Mánager o algo similar, y que todo el planeta tiene beneficios. Pero en realidad somos el 1 % de la población. En el Brexit ganaron los viejos. En Colombia ganaron las clases altas que aún ostentan el poder a través de las tierras. Hay gente que sigue apegada a los valores del pasado y todo lo que creemos que vivimos nosotros no les ha llegado.

Lo inquietante es la visión tan optimista que tenían los jóvenes sobre Hillary. Incluidos los medios.

De Hillary se tenía esta visión dulce y optimista en todo el mundo, aunque fuera falsa, porque tiene cola que le pisen. Pero nos fuimos por el relato de “buena muchacha”, aunque mucha gente dudaba de ella, porque representa valores que siempre se han perpetuado en la política. Pero se nos olvida que hay que pensar en los Kirschner y otras duplas de esposo/esposa que se han sucedido en el poder. Es un vestigio de una sociedad agraria en la que aún vivimos, que sigue presente, la mujer sucede al esposo si este muere. Como en la realeza. Pero asimismo, con esos valores de sociedad agrícola de siglo XIX que aún tenemos, mucha gente que votó por Trump vio en él un líder duro y mesiánico.

¿Entonces, por qué fracasaron los jóvenes en comunicar a quienes votaron de verdad todas sus ideas? Irónicamente, tienen más herramientas que nunca.

Porque hay una ruptura comunicativa grande, que proviene del celular. El exceso de tecnología y redes nos está alejando. Y esto pondrá en jaque a Facebook. Este se caerá en las preferencias de la gente, que se está saliendo. Esto ya lo vemos con Twitter, que está quebrando. Facebook irá a la baja e Instagram nunca contó. Esto sucederá en dos años. La gente buscará comunicarse de manera distinta.

¿Usted cree que podremos ver, por lo menos en vida, un cambio de pensamiento al nivel global?

Faltará mucho para eso. Pero en el tiempo de Trump se verá que los extranjeros no son los que quitan trabajos, sino los robots. La gente se dará cuenta de que la crisis de empleo no era culpa de ellos sino de cómo está armada la sociedad. De cómo maneja todo ese 1 % del que Trump forma parte. Entonces surgirá algo similar a lo que pasó con el movimiento “Wall Street”.

¿Qué hay de malo en las nuevas generaciones para que no hayan podido revertir toda esta ola de conservadurismo?

En Estados Unidos, el que evocaba todos estos valores contraculturales era Bernie Sanders. Pero él cede la presidencia y se vuelve parte del establishment. Ahora bien, recordemos que el promedio, por lo menos en Estados Unidos, de jóvenes de secundaria y preparatoria es conservador. Quieren ser abogados y tener una carrera con mucho dinero y trabajar en un gran despacho. Es una sociedad profundamente religiosa pero no idealista, porque sigue empeñada en ideas capitalistas.

Eso no pasa en Nueva York, que es hipster y con los hippies de California. Ahí ese discurso parece que no existiera. Como latinos viajamos a las ciudades, pero no vamos ni a Omaha ni a Utah. Por eso tenemos una visión sesgada de qué es Estados Unidos.