El fallido intento de golpe de Estado del viernes pasado en Turquía ha traído consecuencias graves. Son cientos los funcionarios públicos que han sido despedidos y miles los soldados del ejército que están siendo detenidos y procesados por órdenes del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Según el primer ministro Binali Yildirim, son 7,543 los uniformados golpistas arrestados. Siete mil policías han sido suspendidos y 2,700 jueces y fiscales apartados de sus cargos, una quinta parte del Poder Judicial del país.

Además, a los controles habituales que hace el Gobierno a la prensa de oposición, usuarios de distintas redes sociales han reportado bloqueos de sus cuentas y más restricciones después del viernes.

Mientras, Erdogan ha usado su cuenta de Twitter para enviar mensajes a la población. #QuieroLaPenaDeMuerte fue tendencia en el país.

Tan extremas son que el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, sostuvo una reunión con los ministros de Exteriores de la Unión Europea y, en una conferencia de prensa conjunta, hicieron un llamado a Turquía a respetar el Estado de Derecho.

Ayer, la ONG Amnistía Internacional advirtió que los Derechos Humanos corren peligro en Turquía. Según sus informes, los detenidos en las ciudades de Ankara y Estambul “han sufrido una serie de abusos”, mientras que el director de la organización para Europa y Asia, John Dalhuisen, calificó la gran cantidad de detenciones como “alarmantes”.
“El Estado de Derecho debe ser respetado”, dijo Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea. Mogherini también advirtió a Turquía, eterno aspirante a ingresar a la UE, que “ningún país se puede adherir si introduce la pena de muerte”. Esto, refiriéndose a lo dicho por Erdogan el domingo pasado, donde abrió esta posibilidad como destino de los golpistas.

No obstante, el propio primer ministro Yildirim dijo ante el Parlamento que no habrá “venganza” por lo sucedido. “Esta nación saca su fuerza del pueblo, no de los tanques”, aseguró, haciendo referencia al actuar de la sociedad civil que, obedeciendo al llamado que hizo Erdogan a través de una videollamada por su celular, salió a las calles a enfrentarse a los golpistas. Casi 1,500 personas resultaron heridas y dos centenares fallecieron defendiendo lo que ellos estiman como un gobierno democrático.

Para Florent Sardou, analista internacional, “es preocupante el nivel de violencia en la sociedad turca.

Favorecer esta ‘autodefensa’ es una de las características de los regímenes fascistas en su definición política clásica”. Y agrega: “Esta rapidez (en la reacción de los despidos y las detenciones masivas) genera preguntas. Algunos, como el comisario europeo Johannes Hahn, ya piensan que había listas preparadas para arrestar a sospechosos y opositores en cualquier minuto”.