Desde la antigüedad, los seres humanos han construido muros con el propósito de ser utilizados como barreras geográficas entre poblaciones distintas.

En muchos casos, esas edificaciones se han originado a raíz de inconvenientes políticos, sociales y económicos.

Países como China vieron en la construcción de un muro la garantía de preservar su población y su cultura.

No obstante, los muros o murallas no siempre han beneficiado a sus auspiciadores. En el caso de la muralla edificada en China varios siglos antes de nuestra era, su utilidad residió en proteger el territorio de los ataques de pueblos vecinos, lo que circunscribe su construcción al terreno político.

La Gran Muralla China o Larga Fortaleza tiene una longitud de veintiún mil kilómetros aproximadamente.El emperador Quin Shi Huangdi, unificador de China, ordenó su construcción para proteger el imperio de las incursiones de las hordas guerreras de los habitantes de la actual Mongolia.

La historia recoge el fracaso del propósito. En el siglo XIII la muralla no sirvió para detener el avance sucesivo de las tropas de Gengis Kan, primero, y su nieto Kublai Kan, después.

Los bárbaros mongoles del norte conquistaron el imperio y fundaron su propia dinastía, la Yuan. 

   
También han existido límites físicos construidos por razones religiosas y culturales, como es el caso del muro de Jerusalén, el cual aunque fue construido para defender al pueblo de los invasores enemigos.

Para los cristianos la cita que recoge la Biblia sobre su reconstrucción, tras ser destruido por el rey Nabucodonosor de Babilonia durante una invasión, le otorga un significado distinto y lo vincula a los “muros espirituales” de las personas, refiriéndose a situaciones y defectos.

El muro no cumplió su misión defensiva. Lo que queda de él sirve para recoger las lamentaciones rituales del pueblo judío.

El imperio romano, construido precisamente por el impulso de la ingeniería, también ensayó muros para defenderse de los bárbaros.

Desde el muro serviano hasta la muralla construida por el emperador Aureliano pasarían nueve siglos de constantes esfuerzos por levantar murallas que hicieran a Roma inexpugnable.

Los esfuerzos, como sabemos, también fueron vanos. Los invasores bárbaros dirigidos por Odoacro penetraron las murallas y llegaron hasta el centro de la ciudad sagrada y depusieron al que sería el último emperador romano, Rómulo Augústulo.

Los muros y murallas, aunque construidos por razones diversas, en principio intentaban evitar la incursión de invasores que llegaban hasta ciudades “más débiles” para ocuparlas militarmente y someterlas. Sin embargo, en la actualidad la construcción de muros en las fronteras viene dada por una situación un poco más compleja: evitar la movilidad humana.

El intento más celebre y a la vez el más infame fue la construcción de un muro que partía en dos la ciudad de Berlín, Alemania. El muro fue nombrado por sus auspiciadores como el “Muro de Protección Antifascista”.

El Bloque del Este, dominado por la Unión Soviética, sostenía que el muro fue levantado para proteger a la población de los reaccionarios que buscaban impedir la construcción de un Estado socialista. El Bloque Occidental lo bautizó como el “Muro de la Vergüenza”.   

 El intento más reciente de construir un muro para detener la migración es el de los Estados Unidos de América.

El Congreso norteamericano, en el año 2006, aprobó la Operación Guardián que proponía la construcción de un muro divisorio a lo largo de los tres mil doscientos kilómetros de la frontera sur con México.

El proyecto fue detenido después de la construcción de unos mil cuarenta y cuatro kilómetros colocados en fragmentos que dividen a California y Tijuana, Arizona y Sonora, Nuevo México y Baja California, Texas y Chihuahua.

El análisis coste beneficio demuestra que no es muy rentable el proyecto. Los veinte mil agentes pasan el tiempo leyendo revistas, mientras los migrantes buscan la manera de pasar por otros lugares.

El saldo negativo ecológico es patente y hasta el gobernador Republicano de Texas Rick Perry habla de la mala idea que representa un muro para el comercio. Ni hablar de lo que representa en términos de construir una relación de confianza.

La migración de mexicanos ha bajado en los últimos años más por la mayor inversión de empresas norteamericanas y asiáticas que por la construcción del muro.        

El vicepresidente de Fuerza Nacional Progresista (FNP), Pelegrín Castillo, promueve la construcción de un muro en la frontera entre República Dominicana y Haití, con lo que busca evitar la incursión de nacionales haitianos hacia el lado oriental de la isla, una de las pocas en el mundo habitadas por dos naciones de costumbres diferentes.

La construcción del muro supondría, de acuerdo con sus auspiciadores, un freno para los haitianos que cruzan la frontera y llegan a República Dominicana en la búsqueda de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias, como lo vienen haciendo desde la fundación de la nación, y un poco antes desde su origen como conglomerado humano.

¿Cómo Haití y RD terminaron ocupando la misma isla?

Corría el año 1605 cuando el gobernador de la isla, Antonio de Osorio recibió la orden, desde la Corona Española, de trasladar hacia puntos más cercanos a Santo Domingo a los pobladores que residían en la línea noroeste de la isla, debido a que estaban realizando contrabando con la mercancía de la zona.

Los lugares donde la situación era más grave eran los poblados de Moncristi y Puerto Plata, así como Bayajá y Yaguana, explican algunos historiadores dominicanos como Antinoe Fiallo, profesor de larga data en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Osorio logró trasladar a los residentes en esta zona hacia otros lugares y conformó las comunidades que actualmente se conocen como Monte Plata y Bayaguana.

Para lograr el traslado no despobló la zona, como se le había ordenado desde la Corona, sino que devastó la zona. Incendió viviendas y muchos animales de crianza quedaron sin dueño.

Fue ese escenario el que muchos lugareños de islas cercanas, sobre todo negros, emigraron hacia la parte de la Isla Hispaniola que estaba desocupada y en total abandono de sus autoridades, en este caso las del reino de España.

Así se fue conformando la población que dio origen a Haití, a la cual le fue reconocido su asentamiento a través del Tratado de Aranjuez, firmado en 1795 y que establece que España le cede a Francia esa parte de la isla, a cambio de que desocupe territorio español en Europa.

Luego vino la independencia de ambas naciones y muchos procesos históricos que han mantenido entre tibia y más tibia las relaciones bilaterales, aún más tibias a raíz de impasses recientes, entre estos el proceso de naturalización que tiene en marcha el Gobierno dominicano y que provocó que la familia Castillo, a la que pertenecen Pelegrín y Vinicio, se apartara de las arcas del Estado y emprendiera su campaña abierta a favor de la construcción del muro fronterizo.

Proponen crear muro amparados en la Constitución

Agrupados en el movimiento cívico Polo Patriótico, que coordina Pelegrín, muchos dominicanos que coinciden con los Castillo han decidido recolectar firmas para lograr la aprobación de la construcción del muro que, se supone, pondría fin al paso de haitianos ilegales por la frontera.

Pelegrín ha dicho que “esta iniciativa se fundará en el derecho constitucional de los ciudadanos a formular peticiones a los poderes públicos dentro de los ámbitos de la democracia participativa”.

Pelegrín también ha precisado que la construcción del muro mandaría una señal poderosa al mundo y a los sectores locales que propician la fusión insular de que el pueblo dominicano no aceptará solución dominicana a los problemas de Haití.

De acuerdo con las declaraciones de Castillo en el acto para iniciar la recolección de firmas,  el pasado 12 de septiembre, el Muro Fronterizo para la Defensa de la Patria, como le denominó, será construido como resultado de una petición popular y será mucho más que una infraestructura física y tecnológica de seguridad.

La petición, además de que será dada a conocer en las 32 provincias del país, está colgada en la página web polociudadano.do, donde los usuarios de Internet pueden aportar su firma. Junto a la petición hay una reproducción del anteproyecto de ley que ordena la construcción del muro.

¿Qué dice el anteproyecto de ley que ordena construir el muro?

En su artículo número uno, el proyecto declara de alto interés nacional y, en consecuencia, se ordena la construcción y mantenimiento de un muro como estructura fundamental de un Sistema Integral de Control y Vigilancia Fronterizo en toda la extensión de la frontera terrestre con la República de Haití, conforme a los límites y dentro de las condiciones fijadas por el Tratado Fronterizo concertado el 21 de enero de 1929, el Acuerdo del 27 de febrero de 1935, su Protocolo de Revisión de 1936 y su anexo.

Jesús Argelis Jiménez, un joven de 31 años, también piensa como Castillo. Pero además de ver el muro como una barrera fronteriza, cree que podría ser utilizado como un instrumento para recaudar impuestos.

“Solo hay que calcular qué cantidad de dinero representaría el cobro por entrada de cada ciudadano haitiano que pase por la frontera”, es el planteamiento de Jiménez, aunque destacó que de aplicarse esta propuesta, habría que evaluar el costo en que incurriría el Estado al recibir a los ciudadanos haitianos.

A pesar de no conocer el proyecto de ley, Jiménez está en sintonía con el artículo dos, donde se explica de dónde se obtendrían los fondos para financiar la construcción y el mantenimiento del muro.

¿Qué dice el proyecto de ley?

En el proyecto se plantea que los fondos provendrían de:

A) Contribuciones extraordinarias voluntarias realizadas por personas naturales o jurídicas nacionales.

B) Ingresos especializados por concepto de 5% del monto de las apuestas en las bancas de lotería y deportivas.

C) Aportes del fondo general de la Nación según lo disponga cada año el Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos.

D) Los ingresos por concepto de peaje recaudado a través de los pasos fronterizos.

El financiamiento no es a lo único que se refiere la propuesta de ley.

También describe cómo estará conformado el muro y cuál será la dinámica a seguir, en caso de que se apruebe su construcción.

El muro tendría un Sistema Integral de Control y Vigilancia Fronterizo y dispondría de cuatro pasos de acceso con todas las condiciones y facilidades necesarias para permitir el movimiento de personas y vehículos de manera segura, así como el intercambio de bienes y servicios.

“Todas las instalaciones del Sistema Integral de Control y Vigilancia Fronteriza contarán con energía eléctrica suministrada por sistemas autónomos, que incorporarán, en la mayor medida posible, fuentes de energía renovable”, dice, antes de precisar que los excedentes producidos por dichos sistemas podrán ser suministrados a las comunidades fronterizas a través de una sub red eléctrica en la región fronteriza.

En el proyecto también se contemplan las sanciones para “personas que cometan o intentaren cometer acciones o maniobras en contra de la integridad del muro como componente fundamental del Sistema Integral de Control y Vigilancia Fronteriza con el propósito de provocar fracturas, rupturas, destrucción, menoscabo de sus estructuras, o realicen excavaciones de túneles o coloquen equipos de escalamiento que permitan la vulneración de dicho sistema”.

Agrega que se impondrá la pena máxima a los agentes de la  autoridad militar o civil que participen en la comisión de estas infracciones.

Tiempo de calentamiento

Pero la idea de construcción de un muro no es nueva. Y el nivel de estructura que se puede apreciar en cada una de las acciones ejecutadas por el Polo Patriótico y la FNP lo evidencian.

Fue a mediados de 2014 cuando el diputado Vinicio Castillo Semán presentó un proyecto de ley ante la Cámara de Diputados, con el objetivo de someter a discusión la posible construcción del muro.

La propuesta no tuvo mucho eco en el hemiciclo, pero a principio de 2015, la Comisión de Frontera de la Cámara de Diputados fusionó el proyecto con el presentado por el también diputado Luis Castillo, representante de Elías Piña, quien había hecho la misma recomendación y además planteó la construcción del muro como una prioridad nacional.

Meses más tarde, el exdiputado Pelegrín Castillo –quien renunció al cargo de ministro de Energía y Minas, por estar en desacuerdo con la política migratoria ejecutada por el Gobierno que puso en marcha un plan de regularización de extranjeros– inició un proceso de recolección de firmas para pedir al Estado la construcción del muro.

La recolección de firmas ha estado encabezada por el Polo Patriótico, con el apoyo de los movimientos patrióticos Los Hijos de Duarte, Protectores de la Patria Unidos, Guardianes de la Patria y Patria Duartiana.

Comenzó a mediados de septiembre en el parque Independencia, ante decenas de ciudadanos que estamparon sus firmas en apoyo a la iniciativa que serviría como mecanismo de control migratorio.

Control que está cada vez más lejos de ser recuperado, por las altas implicaciones que tiene para el país construir la barrera que obstaculizaría el paso de haitianos ilegales por la frontera dominico-haitiana, la cual no siempre tuvo límites de este tipo, sino que hubo épocas de la historia común entre ambas naciones en que las diferencias estuvieron marcadas por razones políticas y no hubo necesidad de frontera.

Ofrecen otra solución

No, no todos están de acuerdo con la construcción del muro. Hay organizaciones de la sociedad civil que entienden que dividir la frontera con concreto no resolverá el problema migratorio de República Dominicana.

Han rechazado la construcción del muro y han preferido dar su apoyo a la iniciativa que impulsa el Consejo Económico Binacional Quisqueya (CEBQ), que propone lograr un desarrollo sostenible en la frontera, con base en la creación de fuentes de trabajo, para evitar la movilidad y ofrecer mejores oportunidades de condición de vida para los pobladores de la zona.

En su prospecto de promoción de la idea, el CEBQ propone “catalizar de manera efectiva el potencial económico que ofrece la frontera a través de las inversiones sostenibles e inclusivas en una súper estructura con componentes logísticos y productivos que impacten de manera positiva a los inversionistas y habitantes de ambos países”.

Los diferentes proyectos de súper estructuras se organizan en seis sectores de actividad económica: manufactura, logística, energía, producción, turismo y social. Los inversionistas podrán escoger participar en una gama amplia de oportunidades de negocios que impactarán de manera directa el empleo en la zona fronteriza.

El resultado esperado es “una inversión sostenible a largo plazo que genere equilibrio social, económico y ambiental, que formalice el flujo comercial y estimule la generación de empleos”.

Los promotores privados del proyecto a uno y otro lado de la frontera son los empresarios Juan B. Vicini LLuberes y Fernando Capellán, por el lado dominicano; por el lado haitiano, los empresarios Marc-Antoine Acra y Jean Lucien Ligonde.

A los promotores del sector público los representan el embajador Roberto Martínez y el embajador Regine Lamur, por la Comisión Mixta Bilateral de la República Dominicana y Hatí, respectivamente.

Los socios estratégicos del proyecto son el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, las Naciones Unidas, la Unión Europea y la Corporación Interamericana para el financiamiento de la Infraestructura.

Los esfuerzos de implementación de este ambicioso proyecto empresarial se llevarán a cabo por dos fundaciones con personal común permanente en República Dominicana y Haití: Consejo Dominicano de Inversión Fronteriza y Conseil Haitien d´Investissemennet Frontalier.

Organizaciones de la sociedad civil como el Centro Bonó, por ejemplo, han manifestado su respaldo al proyecto, por considerar que la inversión público-privada permitiría el desarrollo sostenible de ambos países.

Sin embargo, habrá que esperar hasta marzo del 2016, cuando el Polo Soberano tiene pautado tener recogidas un millón de firmas, con lo que podría exigirle al Estado la construcción del muro, o, si el país tiene más suerte, que en esa fecha la propuesta del CEBQ haya logrado poner en marcha su proyecto y acabar con la agonía de miles de haitianos que cruzan la frontera solamente para poder encontrar un pedazo de cielo que los teche y les permita ganarse el pan de cada día, para sobrevivir junto a su familia.