Durante los últimos meses, la relación entre República Dominicana y Haití no ha sido un ejemplo de una armoniosa vecindad, situación que comenzó en forma de problema migratorio y que desembocó en una crisis diplomática y en la veda a 23 productos dominicanos por parte de la autoridades haitianas.

Sin embargo, parece que la bajada de temperaturas propia del otoño se ha producido en el plano político bilateral antes que en el meteorológico, gracias al encuentro que esta semana mantuvieron el presidente dominicano, Danilo Medina, y su homologo haitiano, Michel Martelly, en Barahona (al sureste del país) para abordar las cuestiones más candentes de la relación.

Para empezar, acordaron restituir a sus respectivos embajadores en sus puestos, después de que el pasado mes de julio el Gobierno de Haití destituyera a su embajador en República Dominicana, Daniel Supplice, por no haber defendido "apropiadamente" al país en medio de la crisis migratoria, dejando la sede diplomática a cargo de la ministra consejera de la legación, Magalie Magloire.

Transcurridos dos meses, con el verano tocando su fin, el Gobierno dominicano llamó a consultas a su embajador en Haití, Rubén Silié, en respuesta al anuncio del ejecutivo de Martelly relativo a la prohibición de importar 23 productos dominicanos, por vía terrestre desde el 1 de octubre.

La vuelta del diplomático dominicano a Puerto Príncipe se producirá sin que se haya eliminado la restricción comercial, aunque con el compromiso de celebrar una reunión para normalizar la ahora casi inexistente entrada de mercancías por carretera.

Los encargados de abordar esta cuestión serán los ministros de Industria y Aduanas, que se reunirán en los próximos 15 días en Puerto Príncipe con el objetivo de mejorar los intercambios comerciales y normalizar el transporte terrestre de mercancías, todo ello ante la atenta mirada de instancias internacionales.

Los presidentes también acordaron reactivar la Comisión Mixta Bilateral (CMB) que venían manteniendo las dos naciones para tratar temas de interés común desde hace décadas, aunque de forma irregular, en función de las tensiones que se hayan producido en cada momento.

Desde comienzos de año apenas se han producido estos contactos, pero a partir de ahora habrá una reunión técnica semanal de la CMB "para garantizar el seguimiento" a los acuerdos firmados.

Ambos gobiernos estuvieron de acuerdo en apoyar la iniciativa del Plan Quisqueya, impulsada por sectores privados de ambos países, y que incluye la realización de varios proyectos binacionales con capital privado.

Medina corresponderá a Martelly próximamente, visitando Puerto Príncipe para firmar varios acuerdos y continuar con uno de los temas clave abordados en Barahona, el migratorio.

Una cuestión que precisa de una comunicación y coordinación permanente "para una mejor armonización del proceso de repatriación de ciudadanos (haitianos) en situación migratoria irregular".

A pesar de esta disposición a volver a ser buenos vecinos, representantes del sector empresarial y del Congreso Nacional dominicanos se han mostrado críticos ante la decisión del Gobierno haitiano de no eliminar inmediatamente la veda comercial.

Hay quien cree, como el presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez, que "Haití está jugando con la República Dominicana, faltándonos el respeto y tomando decisiones y medidas que no están basadas en la prudencia y la lógica, ni en las relaciones que deben existir entre dos países supuestamente hermanos".

Para la presidenta del Senado dominicano, Cristina Lizardo, las autoridades vecinas han puesto poco interés en encontrar una solución al problema, que perjudica la economía y la producción nacional.

Por su parte, el diputado Vinicio Castillo, del partido Fuerza Nacional Progresista (FNP), no concibe que Medina viaje a Puerto Príncipe, por considerar que, con este gesto, el mandatario empeña la dignidad del país al doblegarse ante el vecino país.