“Al llegar a la Nueva Barquita, sientes la sensación de estar en otro país” decían algunos curiosos y trabajadores en el lugar,  y  la verdad es que puedes contagiarte de la alegría de las primeras familias que han empezado a cambiar sus vidas.

“Antes, desde que me despertaba lo que yo veía era la cañada y el río; ahora desde mi balcón veo a los niños jugando”, expresa Félix Manuel Reyes, un joven de 34 años quien ha sido beneficiado con el proyecto.

Reyes cuenta que desde que  tenía un año de edad, la incertidumbre y el miedo de que el río inundara su vivienda se convirtió en el pan de cada día. Muchas fueron las tormentas que junto a sus padres y ahora con su esposa y sus tres hijos vivió en La Barquita, un asentamiento humano de casas maltrechas levantadas sin control en orillas del río Ozama, en Santo Domingo Este.

Comentó que entre sus recuerdos le llega la sensación de enojo que sentía al escuchar que iba a llover y decía: “No voy a sacar nada, ni a cargar”, y  dejaba ahí los muebles, expuestos a que se dañaran.

Pero hoy disfruta de una vivienda, en el segundo piso del bloque B-10, apartamento 202 A, junto a su esposa Estefany Pérez e hijos.

Félix Manuel Reyes perdió muchas cosas materiales,  por lo cual en su nuevo hogar apenas tiene dos sillas plásticas, un pequeño radio, una estufa de mesa, tres botellones de agua y en su balcón algunas plantas que le sirven de decoración. Pero manifestó que se siente feliz. “De ahora en adelante es que comenzaré a llenar mi casa”, dijo con los ojos llenos de lágrimas.

En otra de las familias, sus miembros sienten que están viviendo un sueño despiertos, como manifestó Virginia López, una de las primeras personas que se reubicaron en La Nueva Barquita, en La Javilla, de Santo Domingo Norte.

“Me siento bien, como una reina, estoy en un castillo que me regaló Dios y luego el presidente Danilo Medina”, dijo sonriente a Metro.

Entre las tantas vivencias en La Barquita vieja, en su mayoría en malas, pero otras buenas, como dice la señora López, de 66 años,  recuerda que llegó a al sector en 1980, y  a su llegada  una cuñada le dio un pedazo de tierra en el cual construyó una pequeña vivienda de cartón, sin piso y con sábanas como puertas.

Ahora, a su “apartamento de lujo”, como le llama, ha llevado muebles, nevera nueva y estufa, estante, y un juego de habitación que, según contó, pasó por muchas lluvias. Cuenta además que el río le llevó el gavetero, entre otros enseres.

“Nunca en mi vida me había pasado por la mente que yo iba a tener un apartamento de lujo”, narra con una alegría contagiosa Rosita, como le dicen, de cariño, sus vecinos.

Dijo que ahora lo cuenta con risa, pero que cuando el Ozama se desbordaba, la cantidad de agua era tanta que salía en una yola que tenía de transporte a comprar las cosas que necesitaba para los quehaceres cotidianos.

Con una voz de dolor pero con brillo en su ojos, narró que durante 34 años vivió entre inundaciones, suciedad, culebras, basuras y ratones, y tantas cosas que dejaba el río al retirarse.

La alegría de Virginia López se une a la Saida Santana,  de 62 años, quien sonriente y junto a su hijo de 32 años ve un futuro mejor en  La Nueva Barquita.

“Aquí me siento bien y tranquila. Antes el agua se entraba en mi casa y tenía que salir con lo poco que tenía a casa de vecinos, pero ahora duermo sin miedo, ya no  pensamos que el río se nos va a meter”, expresó, Santana.

En su casa que tiene dos mecedoras en el balcón, un juego de sala nuevo cubierto de fundas transparentes, nevera y estufa, maneja  una pequeña paletera con la cual reúne dinero, ya que, según dijo, está desempleada.

La Nueva Barquita

“Me siento feliz” se escucha decir a una pequeña”, que juega en la calle Las Palmas y Plaza Alegría, como se llama el área de los apartamentos que centran el Bloque B 10, 12, 13, 14, 15, 16 y 17. Allí se instalaron quienes hoy cumplen 30 días de ser reubicados como parte de un plan piloto, ya que el grueso de las 1,600 familias de La Barquita Norte empezará a llegar este viernes 1 de julio.

Se escucha la risa y alegría de los niños jugando en el parque, sin lodo ni piedras.

Los apartamentos están pintados de amarillo, verde, rosado y mostaza, tienen cuatro niveles y ocho apartamentos por bloque, cuentan con pisos de cerámica, energía eléctrica y agua por 24 horas, áreas de juego y áreas verdes.

A pesar de que algunos apartamentos están listos para ser entregados y otros ya habilitados, en algunos falta terminación de escaleras, ventanas puertas y hiero.

Transporte

Al inicio de la construcción muchos residentes no querían el proyecto por la distancia y lo difícil del trasporte. Antonia Durán Pérez, beneficiada con uno de los apartamentos, dijo sentirse bien, pero destacó que el transporte es el único inconveniente que ha presentado.

“Es un lío, los que ya estamos mudados aquí que no tenemos vehículos pagamos 150 pesos para salir”. Sin embargo para Virginia López, todo le queda ahora más cerca “desde que vine me estoy moviendo para todos los lados”, señaló.

Emotividad

“Perdí en muchas ocasiones cosas materiales, mi juventud y niñez los viví ahí en la Barquita; a veces me espanto y me pellizco para ver si es verdad que estoy aquí”. Felix Manuel Reyes