Las armas de fuego en EE.UU. son demasiado fáciles de obtener por los delincuentes, ya que, por extraño que parezca, las estadísticas muestran que hay más tiendas de armas que tiendas de comestibles. La atención del público al problema ya está llamada por los recientes trágicos fusilamientos masivos.

Tres de ellos ocurrieron sólo en los últimos meses: la masacre de la Iglesia de Charleston, donde nueve afroamericanos fueron asesinados por Dylann Roof, de 21 años, y la del noticiario de televisión de Virginia, que dejó a dos periodistas muertos durante una transmisión en vivo.

El jueves pasado ocurrió el último de los casi 200 que van este años. Según las estimaciones de observadores, este año, por primera vez más personas jóvenes en Estados Unidos morirán a causa de una bala que de un accidente de coche.

“Esto nos dice que la violencia armada en los Estados Unidos no es sólo un problema, sino que es una epidemia”, dijo a Metro Robyn Thomas, directora ejecutiva del Centro de Derecho para Prevenir la Violencia Armada. “Aún más reveladora es la comparación con otros países.

Los estadounidenses poseen muchas más armas de fuego civiles que las personas de otras naciones industrializadas, y nuestras leyes de armas están entre las más laxas en el mundo. Como resultado, nuestra tasa de mortalidad por armas es astronómica en comparación con otros países de ingresos altos y medianos-altos”.

Mientras que los ciudadanos de Estados Unidos, incluyendo a la mayoría de los propietarios de armas, apoyan las políticas más estrictas como la verificación de antecedentes, la industria de armas evaluada en miles de millones de dólares busca obtener ganancias vendiendo más armas a más personas.

Así, sus cabilderos luchan con todos los esfuerzos para regular el diseño, fabricación, venta y posesión de armas de fuego. Utilizan grupos comerciales como la Organización Nacional de Fusileros (NPO que aboga por los derechos de armas) para promover esta agenda.

La Asociación Nacional del Rifle, a su vez, al parecer utiliza tácticas basadas en el miedo y la manipulación de datos erróneos para confirmar que las leyes de armas no funcionarán si el gobierno confisca armas de fuego privadas.

“El apoyo político a organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle es uno de los principales obstáculos. Su poder evita que muchos proyectos de ley sean pro-mulgados”, explicó Adam Winkler, profesor de la Escuela de Derecho de la UCLA, en Los Angeles.

“La otra dificultad es el número de armas de fuego, porque es difícil mantenerlas fuera de las manos de gente en la que no se puede confiar que las vayas a usar con responsabilidad”.

La tendencia a aplicar ve-rificaciones de antecedentes universales al nivel federal está en la superficie. Dieciocho estados ya las requieren en algún momento antes de comprar a un vendedor sin licencia. Al igual que con otras leyes que comenzaron como medidas estatales, esta política puede llegar a gotear su camino y convertirse en la ley para todo el país.

“Mientras tanto, seguiremos viendo a los estados promulgar leyes de armas razonables como también períodos de espera y aquellos que limiten el acceso de las armas de fuego a maltratadores”, dijo Laura Cutilletta, abogada senior en el Centro de Derecho para la Prevención de la Violencia Armada. “Los Poderes Legislativos tienen miedo al lobby de las armas y se abstienen de ha-cer lo que el público en general realmente quiere”.

Por ejemplo, el presidente Obama impulsó una legislación de prevención de la violencia armada y emitió 23 órdenes ejecutivas en respuesta al tiroteo del 2012 de Sandy Hook. Pero, en el Congreso, la legislación de armas es rara vez votada porque muchos legisladores no tienen la valentía de enfrentar al lobby. Esto podría cambiar en poco tiempo, ya que el futuro de las leyes de armas podría decidirse después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos del 2016.

“Si los demócratas conservan la presidencia y crean ganancias en el Congreso, van a presionar para que salgan algunas de las reformas propuestas por Obama”, concluyó Winkler. “Si los republicanos ganan y conservan el control del Congreso, van a presionar por leyes nacionales, facilitando límites a portar armas ocultas en público”.