¿Cuál es la importancia de conservar las cenizas en un “lugar sagrado”?

Para nosotros los cristianos, conservar las cenizas de un difunto en un cementerio o un lugar sagrado responde al respeto debido a los cuerpos de los fieles difuntos, los cuales por medio del Bautismo se han convertido en templos del Espíritu Santo y han servido al plan de Dios de llenar de buenas obras el mundo.

También conservar las cenizas en un lugar apropiado favorece el recuerdo, la reflexión y la oración por los difuntos por parte de los familiares y la comunidad cristiana, además se pretende evitar que, eventualmente se haga un uso superficial y poco reverente de los restos de quien pertenece a Dios.

¿Cuál es el fundamento bíblico que sustenta este planteamiento?

La Biblia atestigua desde siempre la costumbre de enterrar a los muertos como un signo de honra, recuerdo y respeto al difunto y como una obra de misericordia. En el AT (Antiguo Testamento) vemos: Gen 23,13; 50,7; Num 20,1; Jos 24,33; 2Sam 21,10-14; Tob 1,16-18; 2,7-8; 8,12; 12,12; 14,1.11; Eclo 7,33; 38,16-23.

En el NT (Nuevo Testamento) se puede recordar que Lázaro fue enterrado también (Jn 11), y además el mismo Señor Jesús fue enterrado a raíz de su muerte. Se le buscó una sepultura digna que fue donada por José de Arimatea.

La cosa no cambia en orden a la cremación. La Iglesia sigue prefiriendo la sepultura a la cremación. Si bien es cierto que la cremación no es contraria a la doctrina cristiana, sí lo es que un católico haga uso de los restos del difunto de manera que se mezcle con filosofías que contengan ideas de reencarnación, de fusión con la Madre Tierra, panteísmo, naturalismo, nihilismo y prácticas que se alejan de la esperanza de la resurrección de los difuntos bautizados en Cristo.

¿Qué prácticas ha observado la iglesia socialmente que la llevan a hacer estos pronunciamientos?

Se han difundido prácticas e ideas que constituyen una falta de respeto a lo que fue el cuerpo de un fiel difunto. Se ha llegado a repartir las cenizas entre los familiares, se han fabricado joyas conmemorativas para tenerlos y otros objetos que vuelven superficial el recuerdo de los muertos

¿En qué afecta a la población no católica esta medida, tomando en cuenta que algunos dicen que con esto la iglesia quiere controlar la vida de la gente?

La instrucción “Ad resurgendum cum Christo” está dirigida exclusivamente a los fieles católicos. Naturalmente, la población que no es católica no está sujeta a estas prescripciones.

¿Qué entiende la Iglesia Católica por “lugar sagrado”?

Un lugar que se reserva para garantizar que se conservará el recuerdo del difunto y que es apropiado y destinado para reflexionar y hacer oración por su alma. Puede ser un cementerio, una capilla u otro lugar similar.

¿Qué significa para la Iglesia que una familia tome las cenizas de su pariente y las esparza? ¿Es pecado o es un acto profano?

Cuando la Iglesia se refiere al pecado o a actos profanos está dando orientación pastoral al católico y guiando su accionar.

Por ejemplo, quienes pertenecen a una religión en la que se cree en la reencarnación o como la del brahamanismo, que esparce las cenizas en el río Ganges, u otras similares, están simplemente cumpliendo con las prescripciones de su religión y a ellos la reciente instrucción de la Iglesia sobre el tema, no tiene nada que decirles.

Pero para un católico que incurra en esta práctica, puede ser por varias razones: ignorancia del tesoro de la Iglesia en el conservar en buen recuerdo de los restos del fiel difunto; por estar influenciado por religiones y de filosofías que son completamente ajenas a las enseñanzas de la fe cristiana; o podría estar manifestando un rechazo a su Iglesia y hacerlo por razones de odio a su propia religión.

Si quien lleva a cabo esta práctica es una persona no creyente, no tenemos nada que opinar al respecto. Sólo respetar su libre decisión, y esperar también de él un respeto a las costumbres religiosas de los demás.

Una medida para quienes profesan la fe católica

“La instrucción ‘Ad resurgendum cum Christo’ está dirigida exclusivamente a los fieles católicos. Naturalmente, la población que no es católica no está sujeta a estas prescripciones (...) Si quien lleva a cabo esta práctica es una persona no creyente, no tenemos nada que opinar al respecto. Sólo respetar su libre decisión, y esperar también de él un respeto a las costumbres religiosas de los demás”.  Mons. Víctor Masalles Pere, obispo auxiliar de Santo Domingo