En estos días de Semana Santa las obras de bien social también tienen su espacio. Este año, Un Techo Para Mi País, sigue intentando combatir la pobreza, generando reflexión y provocando que las personas, sobre todo los jóvenes, cuestionen la realidad en que viven.

“Ya conoces las cifras, vamos a conocer los rostros”, es el tema de Techo para esta Semana Santa.
“¿De qué cifras estamos hablando? Nos referimos a que República Dominicana es un país que tiene un 40.7 %  de pobreza según la CEPAL –Comisión Económica para para América Latina y El Caribe–   2014, a que hay un porciento considerable del total de la población que vive en la indigencia. Que hay un déficit de vivienda de dos millones. Estamos hablando de muchísimos indicadores”, explica Eduardo Velázquez, director de Investigación Social del Techo en República Dominicana.

Desde hoy hasta el 27 de marzo esta organización realizará de manera simultánea la construcción junto a 7 familias de la comunidad Villa Hortensia, en Santiago, y encuestas masivas a 200 familias en Boca Chica.  

En la provincia Santiago, donde Techo recientemente abrió su primera oficina regional, unos 200 voluntarios estarán construyendo viviendas de emergencia para familias que viven en extrema pobreza.

Pero Techo, tras construir estas viviendas, realiza con las familias apoyadas mesas de trabajo que permiten dar continuidad a las problemáticas que enfrentan. Se trata de Eco (Escuchando Comunidades), en esta ocasión, en El Valiente de Boca Chica, donde encuestarán a 200 familias para definir un perfil cualitativo en seis temas (población y demografía, salud, educación, trabajo e ingresos, vivienda y comunidad), que sirven como insumo para la planificación del trabajo.

Velázquez, también sociólogo, hace hincapié en que esta iniciativa para el desarrollo social “no se trata de dar por dar (…) La idea no es construimos y nos vamos. No. Nosotros luego de la construcción seguimos trabajando con la comunidad”.

“Evaluamos nivel de urgencia, si la comunidad tiene junta de vecinos, qué tan fácil es llegar allá, si hay un equipo de voluntarios que tengan la disposición y la capacidad de ir, y lo más importante, que las familias quieran trabajar con nosotros. Si la junta de vecinos y la familia dicen que no, pues no hay nada que hacer. Si las personas no están interesadas en su propio desarrollo, entonces a nosotros de nada nos sirve”, detalla.

Techo, organización de la sociedad civil para la superación de la pobreza, tiene tres objetivos estratégicos: desarrollo comunitario, conciencia y acción social e incidencia política.

“Queremos que ellos sean gestores de su propio desarrollo. Nosotros no vamos a salvarlos, nada de eso; vamos a trabajar en conjunto. Ellos –los comunitarios– también tienen que aportar”, afirma Eugenio Mayorga, Gerente General de esta organización.

Un trabajo cercano y permanente en busca de soluciones, en eso consiste. “Apostamos a ese encuentro que se da entre los jóvenes y las familias de las comunidades. Buscamos romper prejuicios, crear tejido social, y generar una visión conjunta. De cierta manera, construir ciudadanía”, subraya Mayorga.

Principales dificultades

Cuando Techo llega a algunas comunidades se encuentra, sobre todo, con dos problemáticas:

Comunidades que no están señalizadas (ni en el mapa), y familias que entienden que las encuestas que realizan para determinar un diagnóstico comunitario garantizan una construcción inmediata de las viviendas.

“Cuando llegamos a las comunidades lo primero que nos dice la gente es ‘cuándo me van a construir’. Tenemos que explicarle a la gente el proceso. Ellos creen que como los están encuestando se les va a resolver de una vez”, cuenta Velázquez.

Aunque Techo en República Dominicana recibe apoyo de las empresas privadas, reconoce que trabaja con las limitaciones económicas.

“Todavía no recibimos apoyo del Estado, esperamos que ese apoyo llegue. Pero sí, hay muchas empresas privadas que están apostando a invertir en Techo como acción social”, resalta Mayorga.

¿Qué es Techo?

Un Techo Para Mi País nace en Chile en el año 1997 y llega a República Dominicana en el 2008, donde ha trabajado junto a más de 891 familias en programas de vivienda gracias a la movilización de 15,600 voluntarios.

Desde 2013 expandió su modelo de trabajo en el país para promover el desarrollo comunitario a través de diferentes programas (Educación, Capacitación en oficios, Microcréditos, Jurídico, Salud, entre otros) en 8 asentamientos.

Esta organización, que nació de un trabajo conjunto que hicieron unos universitarios con un capellán jesuita, ya tiene sede en Latinoamérica y El Caribe.