El pasado 8 de enero, la vida de los residentes en Gualey, frente a la estación Eduardo Brito de la segunda línea del Metro, tomó un giro inesperado.

 Aquel viernes, un grupo de hombres se dirigió a sus hogares y sin explicación marcó sus casas de color rojo, con la letra “T”, seguida de un número, lo que indica que su vivienda será demolida.

Desde ese momento los residentes se enfrentan a la realidad de que el proyecto de creación del Teleférico de Santo Domingo arrancó sin establecer un diálogo y sin dar respuestas a las familias que serán desalojadas para dar paso a este nuevo “mega proyecto” de transporte.

En ese sector se construye la parada número cinco, que se llamará “Estación Gualey”.

Para su realización, una manzana de 13 viviendas de bloques serán derribadas con el objetivo de comunicar la Estación Gualey a través de un túnel con la última estación de la segunda línea del Metro.

Los beneficiados con esta conexión serán los usuarios de los barrios Los Guandules, Ensanche Espaillat y María Auxiliadora.

Pese a estas comodidades en el transporte que se prevé llegarán a esta pequeña zona, sus residentes se sienten “asustados, confundidos, desorientados, sin saber qué hacer”, tal como diría una canción popular del mundo urbano, ya que hasta la fecha el Gobierno no les ha dado respuestas sobre el indetenible desalojo que les quita el sueño.

Para Carmen, como le llamaremos a una de las residentes que no quiso revelar su identidad y que será desalojada de la vivienda en la cual reside desde hace 26 años, esto ha cambiado su vida y no sabe si para bien.

En su pequeño colmado cuenta que hace dos meses despertó a esta realidad, cuando le dijeron solo que “necesitan su casa”. “Tengo 26 años viviendo en esta casa”, narra Carmen, “me siento mal, es un cambio de vida, ahora tengo que buscar otro lugar para vivir”, agrega.

“Tengo dos hijos pequeños, uno de 17 y otra de 30 años con problemas: les digo pequeños porque no pueden valerse por sí solos, dependen de mí. Ahora esto es un cambio de escuela y amigos para mi familia”, indicó.

“Las autoridades dicen que esto es de la autoridad pública, y tengo miedo, ya que vendrían dándonos lo que ellos quieren, y no es así”, destacó Carmen.

Esta residente y madre soltera solo quiere que el Gobierno dominicano les dé un  lugar donde sentirse cómodos, no uno peor que donde están.

“Entiendo que el proyecto sería un buen avance para el país, lo único es que yo no quería que me quitaran de aquí, quisiera que me dejaran aquí, pero dicen que es inevitable. Les pido que por lo menos nos paguen bien por nuestras casas, para que uno pueda comprar”.

Así como Carmen se encuentra sin respuestas, también están siete comerciantes de una pequeña plaza ubicada en la cabeza del puente Francisco del Rosario Sánchez, justo al frente de la estación Eduardo Brito en la línea dos del Metro.

Una cafetería, un taller de herrería, un negocio de repuestos de automóviles, otro de reparación de estufas, una casa de familia y tres locales más que son el sustento de familias tienen dos meses enfrentando el  polvo, pocos clientes, y el reclamo de sus propietarios que exigen que les paguen la mensualidad.

Daniel de Jesús es dueño de la cafetería Yonaisy y tiene un local rentado en esta plaza. Explicó que hace más de dos meses los negocios están cerrados porque la calle se mantiene intransitable y los clientes no llegan.

“Vinieron y nos censaron, pero dijeron que volverían y nunca han vuelto; nos prometieron que en unos 15 días trabajarían con nosotros, y aún estamos esperando”, detalló.

Informó que un ingeniero identificado como Joel Isa se presentó y se dirigió a ellos, pero que después de eso no les han dicho nada más. “Pensábamos que nos iban a indemnizar por todas las pérdidas que hemos tenido”.

De Jesús tiene que pagar por el local. Antes, dijo, “yo me ganaba de cuatro a cinco mil pesos diarios, pero ahora no estoy ganando nada, aparte de que se me han dañado los productos, queso, pan, cachú. ¡La gente no viene aquí al local!”, exclamó.

René Núñez, el propietario del taller Centro Automotriz René, dijo: “La situación nos está afectando por el espacio, el polvo y las condiciones para trabajar”.

Indicó que del trabajo que antes hacían diariamente, ahora solo están haciendo una cuarta parte y sin ninguna explicación: “Ahora no estamos vendiendo ni produciendo nada”.

“Les exigimos una explicación para entrar en una negociación, porque algo hay que hacer. No me opongo a nada que sea progreso para el país, es una obra muy buena y cuando quieres bienestar hay que sacrificarse, pero nos están sacrificando demasiado”, puntualizó Núñez.

Esta es un mínima parte de las familias que serán desalojadas de las residencias en que viven hace años. En las cuatro estaciones restantes, otros residentes tienen sus negocios cerrados, sus casas marcadas y el silencio del Estado.

Choferes de concho

Así como estos moradores sufren la incertidumbre por el desalojo inevitable, los choferes de carros públicos que tienen la ruta desde el kilómetro 9 de la Charles De Gaulle, recorriendo Los Mina, hasta la estación Eduardo Brito, temen perder su única fuente de ingresos. Rafael Encarnación, conocido en la ruta como “Castillo”, tiene 10 años manteniendo a su familia con este trabajo, “el concho”; hoy ve a la construcción del Teleférico de Santo Domingo como “un dragón” que viene a fulminar su trabajo.  

“La construcción de este teleférico nos va a afectar, las personas que se montaban con nosotros ahora usarán el teleférico, eso nos aquejará muchísimo”, expresó.

Acusó al Gobierno de no tomarlos en cuenta: “Aquí el poder es el poder, y hace sin tomar en cuenta las consecuencias de los demás. Entiendo que mis ingresos van a bajar mucho”.

“Exigimos que busquen un método con el que nosotros podamos subsistir, mayormente, las personas que somos mayores, que casi no podemos trabajar”, apuntó.

Aplauden la obra

Por supuesto, algunos residentes y transeúntes que se verán beneficiados con este proyecto se sienten felices por el nuevo modelo de transporte.

Noemí Santana destacó:  “Lo veo como un avance, por las personas que se tienen que trasladar hacia La Barquita y Sabana Perdida. Es muy bueno, un medio rápido y eficaz; es un avance para el país”.
Otros transeúntes expresaron que en términos de transportes, “lo vemos como una ventaja, porque las personas usarán un transporte más cómodo”.

“Las personas saben la precariedad que hay en el transporte; en la hora pico, los pasajeros tienen que ir apeñuscados, con peligro en la calles”, dijo Santana.

Trabajos

Para la instalación se contrató, mediante licitación, el Consorcio POMA-J. Fortuna y Entornos (URBE), con una inversión de tres mil millones de pesos, según informó Patricia Cuevas, coordinadora de URBE, a un medio de comunicación nacional.

Esta compañía se encargará del traslado de mil 400 familias que viven en los alrededores de las cinco estaciones que tendrá el Teleférico de Santo Domingo.

Los ingenieros de URBE destacaron que este proyecto, es un sistema de transporte de uso masivo, por lo que no puede ser confundido con un proyecto exclusivamente turístico, aunque también sea utilizado para esos fines.

Por su parte, el ingeniero Basilis explicó: “Solamente estamos en la construcción de este túnel que va a unir la Estación Gualey del teleférico con la estación del Metro, para que las personas transiten sin tener que volver a pagar de una estación a otra”.

“El túnel ya está listo, solo falta el relleno para pasar la vía por arriba. Estaría listo en unos días. Pero de ese desalojo no sé nada”, manifestó.