Un fuerte sismo de magnitud 6.2 sacudió la madrugada del miércoles el centro de Italia causando 120 muertos y 368 heridos y devastando tres poblaciones donde se buscan cientos de personas entre los escombros.

“Por el momento 120 vidas se han roto”, anunció el primer ministro Matteo Renzi, quien advirtió que no se trata de un balance definitivo, durante una conferencia de prensa celebrada en Rieti, no muy lejos de las tres localidades devastadas.

El balance oficial de muertos sube de hora en hora ya que hay mucha gente atrapada bajo cúmulos de piedra o desaparecida.

“Es posible que el número de víctimas crezca”, advirtió el jefe de gobierno italiano, quien recorrió la zona afectada en las horas de la tarde y prometió ayuda para las familias damnificadas.

Según fuentes de prensa, al menos 100 personas siguen sin aparecer y probablemente han quedado sepultadas vivas y unas dos mil resultan damnificadas.

Entre las víctimas figuran muchos niños, así como una familia entera, padre, madre y dos hijos, que por horas los socorristas intentaron salvar.

Decenas de bomberos, policías y voluntarios trabajaron durante horas sin descanso en las pequeñas localidades de Amatrice y Accumoli, en la región del Lacio, y Arquata del Tronto, en la región de Marcas, las tres destrozadas por el sismo, en búsqueda de supervivientes. El sismo, que se sintió en Roma y Venecia, despertó a la población a las 03:30 de la madrugada, hora local.

Pueblo devastado

El pequeño pueblo de Accumoli, en la provincia de Rieti, vio quebrantada su habitual calma y con el pasar de las horas los damnificados empiezan a comprender lo sucedido tras “la pesadilla” que experimentaron.

La localidad se encuentra ubicada en un área montañosa y se caracteriza por sus casas de piedra y por todo un laberinto de intrincadas calles desde las que puede disfrutarse un espectacular entorno boscoso.

Su habitual calma se convirtió en desastre, con el terremoto, con daños también en otros municipios como Amatrice o Arquata del Tronto.

Basta recorrer las  calles de Accumoli  para comprender la dimensión del desastre: muchas de sus casas han perdido los muros, hay tejados hundidos, los suelos están agrietados y una capa de polvo lo cubre prácticamente todo.

Entre las piedras han perdido la vida siete personas, incluidos los miembros de una familia que pereció bajo los cascotes del campanario del pueblo.

En la plaza principal, equipos de bomberos empleaban dos perros con la esperanza de encontrar a alguien con vida.

Uno de los canes rastreadores se detuvo de repente y se devolvió a un punto en particular: allí debería iniciar la excavación.

Sin embargo, Daniela Romanato, bombera que participa en la operación de rescate, no tiene muchas esperanzas. “Los perros han sido entrenados para buscar e indican el lugar donde las personas están atrapadas”, explicó. “Pero como no ha ladrado, es muy probable que la persona esté muerta”, explicó.