El  accidente fue tan aparatoso que había que operar al joven de 19 años lo antes posible. El doctor Alfredo Polanco preparaba la sala de cirugía en la Plaza de la Salud, pero todo se detuvo súbitamente cuando ordenó buscar sangre para la posible transfusión. El herido estaba inconsciente y su familia decidió sacarlo del quirófano porque su religión le prohibía recibir o dar sangre. Tratar de convencerlos fue inútil; lo sacaron del hospital y minutos más tarde murió.

Han pasado varios años de aquel episodio lamentable, pero los casos no han mermado en los hospitales y clínicas del país. Los Testigos de Jehová mantienen la irrefutable convicción de que la sangre es más que un fluido biológico, para ellos tiene un significado directo con la creación divina y recibirla o darla es violar las leyes celestiales.

“Esta vista general del asunto quizás le ayude a entender la firme e intransigente postura religiosa que adoptan los Testigos de Jehová. Ellos estiman mucho la vida y buscan atención médica buena. Pero están resueltos a no violar la norma de Dios, que ha sido consecuente: Los que respetan la vida como dádiva del creador no tratan de mantenerse vivos mediante ingerir sangre”, explica el Cuerpo de Gobernantes compuesto por siete hombres congregados en Nueva York.

En el informe de 2015 que presentan los Testigos de Jehová se precisó que ya sumaban 8,220,105 fieles en 240 países o territorios donde habitaban, con 118,016 congregaciones. Los distintos censos mundiales refieren que la cantidad es mayor, pero sus líderes aclaran que solo cuentan los que predican el mensaje del “Reino de Dios” porque deben hacer un reporte que mensualmente se revisa. Al terminar el año la filial principal de cada país lo envía a Nueva York y ellos concluyen.

Como fundador ancestral tienen a Jesucristo; surgieron a final del siglo XIX, cuando un grupo de estudiantes bíblicos en Pensilvania presentó diferencias con las doctrinas establecidas y decidió ponderar sus criterios en una revista llamada Atalaya –todavía su principal órgano literario–. El primer director fue Charles Taze Russell, cuestionado por sus propios alumnos de querer hacer negocios con sus escritos, pero ellos fueron acusados de estar “guiados por Satanás”.

La biblia que usan los Testigos es la “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”. Precisan que “si bien es cierto que una buena traducción debe ser exacta, también debe ser entendible” y por eso interpretan algunos versículos como Mateo 5:3 que para otras creencias es: “Bienaventurados los pobres de espíritu”, pero para ellos sería: ““Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual”. En el caso de la sangre no hay variaciones ni genuflexión.

¿Por qué no permiten transfusiones de sangre? “Hoy los cirujanos suelen realizar intervenciones complejas –operaciones ortopédicas, de corazón y trasplantes de órganos– sin transfusiones. Los pacientes que no aceptan transfusiones se recuperan igual o mejor que quienes sí las aceptan. De todos modos, nadie puede asegurar que un paciente morirá si no recibe sangre ni que vivirá si la recibe”, precisan en el portal jw.org.

Son muchas las razones religiosas y otras médicas. El argumento bíblico está en distintos versículos: Génesis 9:4; Levítico 17:10; Deuteronomio 12:23; Hechos 15:28, 29. “Además, para Dios, la sangre representa la vida (Levítico 17:14). “Así que los Testigos obedecemos el mandato bíblico de abstenernos de la sangre por respeto a Dios, quien nos dio la vida”, sentencian los religiosos, al tiempo de afirmar que desde 2004 se realizan cirugías sin necesidad de transfusión.

Desde el punto de vista médico se amparan en artificiales como el Hetastarch (HES), que aumenta el volumen de plasma en la sangre, pero afecta mucho a pacientes cardíacos y renales. De los fluidos que usan, el más simple es la solución salina; hay otros como Dextrán, Haemaccel y la solución lactada de Ringer, que estimulan la estabilidad del plasma en el líquido rojo.

“Estas adaptaciones son tan eficaces que si en su cuerpo quedara solamente la mitad de su cantidad de glóbulos rojos, la entrega de oxígeno aún pudiera alcanzar el 75 % de lo normal. Un paciente en descanso solo usa el 25 % del oxígeno disponible en su sangre. Y la mayoría de los anestésicos generales reducen la necesidad de oxígeno del cuerpo”, argumentan los Testigos.

Al respecto, el subdirector médico del hospital traumatológico Ney Arias Lora, el nefrólogo Alfredo Polanco, señala que ciertamente se puede operar a una persona sin necesidad de pasarle el fluido, pero eso depende de la cantidad de hemoglobina –que transporta el oxígeno– que tenga, además de los niveles de hematócritos –cantidad de glóbulos rojos-.

Para un hombre, lo normal es que su hemoglobina esté entre 14 y 16 grados, en la mujer los valores van de 12 a 14 porque con la menstruación pierde sangre constantemente. Si un paciente baja a menos de 10 grados es recomendable transfundirlo para operarlo, aunque en 1982 algunos autores declararon que concentraciones de hemoglobina de hasta 2.5 pueden ser aceptables.

Las cosas y casos

El doctor Polanco está en el Ney Arias desde que abrió sus puertas en agosto de 2010. Ha visto cinco casos de pacientes que no permiten la recepción de sangre; uno de ellos fue una mujer que milagrosamente sobrevivió a un intento de feminicidio y para estabilizarla había que transfundirla, proceso que ella rechazó rotundamente y pidió su alta. No se supo más de ella.

“Le hablamos de los riesgos que corría si se iba mal herida, pero argumentó que había un centro donde operaban sin necesidad de transfusión. En ese caso nos vimos obligados a dejarla ir después que ella nos descargó de responsabilidad penal. No sé de qué hospital o clínica ella hablaba, pero yo le aseguro que ningún médico que se respete opera sin sangre a la mano”, contó.

En junio pasado, al mismo hospital llegó un joven de 18 años muy mal herido. Era inevitable hacerle una cirugía, pero sus niveles de hemoglobinas estaban en 8, por lo que iba a necesitar sangre. Ni siquiera lo pensó, pidió su alta y se marchó. Todos los Testigos de Jehová andan con una certificación que impide les hagan transfusión; quienes lo hagan serán objeto de demanda.

En septiembre del año pasado un bebé de 10 meses murió cuando su madre se negó a que le practicaran una transfusión de sangre debido a un accidente ocurrido en la localidad de Monclova, en México. En marzo de 2014 una mujer de 30 años falleció en Argentina por las mismas razones. No hay estadísticas de los muertos por falta de transfusión, pero sí se registran cerca de 70 millones de pacientes en el mundo que fallecen por complicaciones con la sangre recibida.

La doctora Yaskara Jiménez, hematóloga con más de 15 años en el área, recuerda el caso de una niña de nueve años con anemia falciforme en condiciones graves. Requería transfusión inmediata, pero su madre se opuso por cuestiones religiosas, mientras su padre apoyaba el proceso; después de largas horas de conversaciones y debate, la mujer accedió y la enferma mejoró.

El abogado César Pérez explica que, aunque parezca irracional dejar morir a un paciente porque no permite le pasen sangre, está en su legítimo derecho amparado en el artículo 45 de la Constitución, que establece la libertad de conciencia y culto: “El Estado garantiza la libertad de conciencia y de cultos, con sujeción al orden público y respeto a las buenas costumbres”.

Sin embargo, el abogado penalista reconoce que el artículo 37 de la Carta Magna resalta el derecho a la vida: “No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”. ¿Es pena de muerte impedir una transfusión cuando de eso depende la vida? La doctora Jiménez reflexiona que los religiosos apoyan la vida, pero consideran impuro recibir sangre.

“El respeto a la vida es un derecho fundamental y la libertad de credo también. Ante la ley ambos tienen el mismo peso, los dos son fundamentales. No estoy de acuerdo con esas concepciones religiosas ante la vida, pero para la justicia esos derechos deben ser respetados y si los violamos somos objeto de demanda”, detalla Pérez, asesor jurídico del Ney Arias.

El dilema llega porque los médicos no pueden transfundir un paciente por credo religioso, pero tampoco se les permite practicar un aborto a una mujer cuya vida esté amenazada por un embarazo mortal, aunque ella lo apruebe. ¿Se podría legislar para analizar las creencias? “Los que hacen las leyes no son especialistas en salud y eso limita el buen desempeño”, dice Jiménez.

“Lo que hacemos es dar el alta al paciente después de firmar un documento donde nos descargan de cualquier responsabilidad una vez sale del centro. En los cinco o seis casos que he visto hemos procedido de la misma manera y no hemos sido objeto de demanda. Ahora los médicos están grabando esas peticiones para que quede más constancia”, señala el jurista.

Otros  centros

En el hospital materno Reynaldo Almánzar se han presentado tres casos en igual número de años, dos de esos en lo que va de 2016. Al igual que en el Ney Arias, la administración accede a dar el alta a los pacientes bajo la firma de un documento de descargo. El suceso más reciente fue el de una señora que para ser operada requería una trasfusión; ella no aceptó y se marchó.

Lo mismo ha ocurrido en el hospital Darío Contreras, aunque en 15 años los casos no llegan a 10. En el Departamento de Estadísticas no tienen los detalles precisos, pero señalan que el procedimiento es similar: un descargo y dejan ir al herido. En la clínica Juan Carlos recuerdan menos de cinco, en especial una mujer que decidió irse sin mediar razones.

Los pacientes con esta condición también han llegado al centro de Gastroenterología en la Ciudad Sanitaria. Su director, Humberto Brito, cuenta que, aunque sea urgente llevar un enfermo al quirófano, ningún médico puede proceder sin el consentimiento y si el paciente se niegan debe darle el alta.

Cuando se trata de un paciente menor de edad quienes deciden son los padres. No importa si el doliente acepta la transfusión, si sus tutores dicen que no, el centro se ve en la obligación de aceptar la voluntad de los adultos. Ya pasó con un niño de 16 años que, fruto de un accidente, había perdido mucha sangre y requería prestada, sin embargo, no se pudo.

Una joven de 22 años que labora en un hospital estatal confesó que su religión le impide recibir o dar sangre. ¿Y si tu pariente se va a morir si no le pasan la sangre? “Lamentablemente, pasará a mejor  vida porque no se trata de algo biológico, es una concepción espiritual”. ¿Prefieren que se muera antes que transfundirlo? “Así es”.

La hematóloga Yaskara Jiménez establece que la eritropoyetina es un factor de crecimiento hormonal recomendable en cirugías electivas porque es un estimulante de glóbulos rojos, pero no sangre como tal. También puede darse el caso de transfusiones autólogas en las que el líquido que se usa es el mismo del paciente, aunque no todos los creyentes aceptan ese proceso.

En el País Vasco, por ejemplo, se desarrolló un “Protocolo de Tratamiento a Pacientes Testigos de Jehová” en 1999. Se establece que la transfusión autóloga es permitida por algunos religiosos, siempre que se realice en un circuito cerrado conectado al sistema circulatorio del paciente; o sea, que la sangre no sea almacenada sino que salga y entre concomitantemente.

¿Existe alguna hormona o medicamento que pueda sustituir a la sangre? La hematóloga fue directa en su conclusión: “No. Solo los glóbulos rojos transportan oxígeno a los tejidos y el oxígeno es lo que permite la vida celular. Todavía no se ha inventado nada que reemplace la sangre, hay investigaciones avanzadas, pero nada concluyente”.

La sangre está compuesta por glóbulos rojos, blancos, plaquetas y plasma. Todos los organismos científicos y tratados internacionales establecen que por lo menos el 5 % de la población de cada país debe ser donante para tener reservas suficientes cuando se necesite. En República Dominicana esa cifra no alcanza ni el 1 % con 63 bancos activos. Al año se requieren al menos 300,000 unidades o pintas del líquido rojo, pero hay un déficit que ronda el 60 %.

La resistencia religiosa ha motivado la creación de derivados que estimulan los distintos compuestos en la sangre y eso es positivo, sin embargo todavía no existe un artificial que sustituya lo natural.
No está en discusión respetar el credo de cada individuo, aunque eso conlleve la muerte de sí mismo, pero… ¿Hasta qué punto se respeta ese derecho si la víctima es un tercero?

Doctrina y fe

“Los que respetan la vida como dádiva del creador no trratan de mantenerse vivos mediante ingerir sangre”, Cuerpo de Gobernantes de los Testigos de Jehová.

Visión profesional

Todavía no ha aparecido nada que sustituya la sangre, hay investigaciones avanzadas pero nada concluyente”, dice Yaskara Jiménez, hematóloga.