Tan inverosímil es la candidatura de Trump por parte del Partido Republicano, como inverosímil es la visita de este personaje a México. Pareciera desde lejos, que quien llama a los mexicanos criminales y violadores marca el ritmo de la agenda del gobierno del presidente Peña Nieto, en relación con el proceso electoral en Estados Unidos.

En realidad, no se miran razones, no hay justificación clara de este evento, especialmente cuando el nivel de aprobación de la actual administración está en descenso, situación que previsiblemente se hará más pronunciada tras la reunión con Trump, el personaje de la política de Estados Unidos posiblemente más desacreditado en México.

No es suficiente que Trump haya moderado su discurso en relación con los temas de vínculo con México; de hecho, los exabruptos contra el país los hizo el candidato a la nominación republicana, y tales adjetivos, burlas o amenazas, difícilmente los pueda replicar íntegramente quien ahora es el candidato a la Presidencia de parte del Partido Republicano. Entonces, ¿en dónde está el factor que sumaría a un posicionamiento eficiente de la administración Peña Nieto? Tal vez al contrario, en este momento todo lo que huela a Trump es resta.

En el caso del candidato republicano, posiblemente el aceptar la reunión con el presidente mexicano le suponga la ratificación de una posición menos radical, más moderada y obviamente, este mensaje está dirigido a los potenciales votantes de origen latino, en especial los mexicanos. En el caso de Peña Nieto, esta reunión tal vez lance un mensaje de normalización del debate con Trump y si éste fuera el caso, pudieran esperar ambos alguna suma positiva en función de sus intereses. Suponemos que esta suma y resta es demasiado simplista.

Lo que es un hecho es que la respuesta de la administración del actual gobierno es más de orden coyuntural, alejado de una estrategia transversal, ordenada, planificada, para fortalecer la imagen de México en el exterior que respondan a la aparición de “Trump” ahora y en el futuro. De ahí entonces que la expresión “hacerle el caldo gordo” está vigente, no por hacerle eco a los mensajes del republicano, sino porque se enmarcan en un ausencia evidente de una política estatal de difusión, de posicionamiento de las potencias del país hacia el exterior. Solo respuestas a coyunturas o la aparición de personajes exóticos o inesperados. Inverosímiles.

Por otro lado, no debemos perder de vista que corrientes destacadas en la política del Partido Republicano han definido a Trump como un riesgo para Estados Unidos, y con seguridad esta visita a México no les resulte necesariamente grata. De la misma forma, para Hillary Clinton, a quien se ha girado también esta invitación a reunirse con el mandatario mexicano, no podría resultarle cómodo asistir en segundo lugar (si acepta la convocatoria) a un eventual encuentro. Por ello, hay demasiados frentes abiertos cuya suma podría ser una losa adicional en la caída de Peña Nieto en la aprobación de la ciudadanía.

“Diálogo” y “protección a los mexicanos donde quiera que estén”, dice el mensaje de Peña Nieto. Es un mensaje insuficiente para muchos mexicanos que esperarían una respuesta más contundente, especialmente con quien hasta ahora, a pesar de su supuesta moderación, no quiere dialogar y mucho menos proteger a los mexicanos donde estén.