La semana pasada, el video satírico hecho en Alemania por el humorista local Jan Böhmermann en el que se burlaba de Erdogan, el presidente de Turquía, causó revuelo. Pero no sólo por el contenido, en el que le acusaba hasta de zoofilia, sino también porque la canciller alemana, Angela Merkel, apoyó las intenciones de Turquía de procesar al humorista, aunque la burla se haya hecho fuera de su territorio.

Así, la broma dio paso a una real crisis política, nacida en el contexto actual de la crisis de la Unión Europea y de los refugiados: Erdogan, presidente de un país que está intentando desde hace más de una década pasar a ser parte de la UE, se ha transformado en la solución (para algunos externalización) de los problemas migratorios que aquejan al continente.

El precio ha sido bastante caro: Europa le ha prometido que, a cambio de su polémica ayuda con los refugiados (la Unión mandará refugiados ilegales de vuelta a Turquía y abrirá más de 70,000 plazas en sus países para otros tantos provenientes de ese país) acelerará el proceso de ingreso al grupo de los 28. Así, los turcos serían el primer país musulmán en la comunidad de naciones.

Gracias a esta nueva amistad entre Erdogan y Merkel es que Böhmermann será procesado, al igual que otras 1,845 personas, acusadas de blasfemar contra Erdogan.

Este fin de semana fue la periodista holandesa de raíces turcas Ebro Umar la que fue detenida por la policía turca por haber escrito contra el presidente en su cuenta de Twitter holandesa. Supuestamente, desde su casa en Kusadasi, región costera mediterránea. “Turquía es fantástico, siempre y cuando mantengas la boca cerrada”, ha dicho Umar en entrevista con Metro.

Diversas personalidades han emitido declaraciones en contra de la forma de actuar de Turquía.

Mientras el primer ministro holandés Mark Rutte aseguró que el caso “toca directamente valores esenciales para nosotros como la libertad de expresión”, la Comisión Europea, institución encargada de velar por el cumplimiento del Estado de Derecho de los países miembros de la UE, mostró su preocupación por la detención de la periodista, señalando también que Turquía, “como país candidato (a ingresar a la UE), debe respetar los derechos, estándares y prácticas democráticas”, lo que incluye “la libertad de la prensa al más alto nivel posible”.