El vendedor de empanadas de yuca va y viene sonriente. Los agentes que cercan las inmediaciones del Palacio Nacional, ante la  manifestación de Poder Ciudadano por el cierre de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE),  le tienen la venta bien fluida; bien alegre.

Revisaban sus celulares y pedían sus empanadas y sus quipes bañados en “cachú”. Ya se acostumbraron a vigilar a estos ciudadanos –separados por barreras metálicas–  que en sus consignas afirman “luchar por el restablecimiento de la democracia nacional”.

Este miércoles 18 de noviembre, desde las 5:10 de la tarde, en la calle Doctor Delgado con Moisés García llovió el descontento.

Decenas de protestantes tenían el alma empapada de reclamos e indignación y los agentes policiales observaban esta nueva “cadena humana” como espectadores que sin ningún estrés se sientan en primera fila a presenciar algún espectáculo.

Es la séptima ocasión en que el conglomerado humano se concentra próximo a las inmediaciones del Palacio Nacional, sin poder bajar, en seis de ellas, hasta el frente de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), para expresar su descontento con los escándalos de corrupción.

“No podemos seguir premiando el robo y castigando el trabajo honesto”, proclamaba este miércoles Manuel Robles, directivo del colectivo Poder Ciudadano, que coordina la lucha.

El excombatiente Claudio Caamaño se cuenta entre los que se han sumado a las cadenas. “Por más que este gobierno nos diga que esto es una democracia, no lo es. Esto es una caricatura de democracia”.
“No venimos políticamente”, sostiene Amaury Quezada, quien forma parte del frente Juventud con Luis Abinader Presidente (JLAP).

Se observan más agentes que manifestantes.

Quezada orienta sus proclamas hacia los uniformados. “Estamos luchando por el derecho de cada uno de los dominicanos, empezando por el de los policías, que son los que nos están haciendo la oposición. Pero en sí ellos no quisieran estar ahí. Es porque reciben las órdenes de arriba”, declara.

En ese momento, a pocos metros, suena un discípulo de Ernesto Che Guevara –por su atuendo y los símbolos que trae consigo del revolucionario argentino-cubano– con un megáfono en mano vociferando: “Dauri destapó la olla, con el sueldo de cebolla”, en referencia al raso Darwin Muñoz, quien en días pasados utilizó sus redes sociales para manifestar “las condiciones precarias” en las que vive “un policía mal pagado”.

“Yo soy un ciudadano, común y corriente. Sólo tengo un voto, que usted me ha pedido, como a tanta gente, a la que ha convencido. Y yo se lo he otorgado, esperando confiado, a que llegue ese día, en que vea cumplido, al pie de la letra, lo que ha prometido” –dice Luis Aguilé, el cantautor argentino, que llega a través a de una bocina a acompañar en la lucha a estos que se hacen llamar “los indignados”.

Las personas se vistieron de disgustos; se vistieron de batallas de antaño. Gorras con mensajes revolucionarios, sombrillas del 4% del Producto Interno Bruto para la educación, camisetas de la campaña “Policía no me mate, que yo me paro”.

En esta “jornada por la dignidad”, los protestantes hicieron eslabones de hojas blancas con sus demandas. Se preguntaban por los peces gordos, decían estar cansados y acusaron al presidente Danilo Medina de proteger a los corruptos. Jóvenes y no tanto.

Desde 18 años en adelante. Más hombres que mujeres. Algunos que aparentemente se trasladaron directo de su casa a la actividad, otros a su salida del trabajo. “Agua, refresco y mabí de bejuco indio” se escuchaba desde una esquina este vendedor con su consigna para la obtención del pan de cada día. Un hombre adornado de semillas comestibles hacía gala de su producto: “fresquecito el cajuil, fresquecito”.

Por otro lado, el “moreno del agua” bordeando la cadena, con su botella plástica en mano, para todos aquellos que a causa de las voces a coro y los gritos estuvieran ya deshidratados.  Todo un mundo circundante de negocios ha surgido alrededor de estas manifestaciones, y con ello, pequeños inconvenientes que nadie ve.

El vendedor de maíz hervido busca la manera de entrar con calma al círculo hecho con la cadena. Uno de los manifestantes intenta expulsarlo como si infringiera la ley por realizar su trabajo en una vía pública. 

“Tu verá el otro miércoles”, le dice, a lo que el maicero contesta con marcada incomodidad: “Estoy trabajando. Ustedes por su derecho y yo por el mío”.

Cada quien defiende sus intereses. Uno de una forma, otros de otra. Y de fondo: “Caramba, Caramba, Francisco Alberto, caramba”.

La Asociación de Controladores aéreos también se sumó a la protesta. Wellington Almonte, presidente de esta entidad, expresa: “Las instituciones de nuestro país están contaminadas con la corrupción y si nosotros los ciudadanos no exigimos no saldremos de esta situación ,lamentablemente. Aunque hemos sido maltratados, lo que estamos reclamando es un derecho".

Empiezan a sonar las notas del Himno Nacional. En la segunda estrofa uno de los manifestantes se sale de la cadena para decirles a varios que por respeto a este símbolo patrio retiraran las gorras de sus cabezas.  A la cuarta estrofa todos creían que había acabado pero –como era de esperar– colocaron las 12 estrofas. “Patria o muerte. Unidad y acción, contra la corrupción”, gritaron a coro.

Después de la sexta estrofa pocos se la sabían. Unos muy erguidos volvieron a entornar las notas cuando el himno llegaba a su final y decía: ¡Libertad, libertad, libertad!

“El sistema está podrido, por los jueces corrompidos. A los jueces de Mariano, los mandamos pa´´ Najayo”, dicen refiriéndose a los magistrados que el próximo 27 de noviembre irán a un juicio disciplinario por manipular los procesos judiciales de personas vinculadas al crimen organizado.

Pero los gustos y los orígenes sociales se combinan y se escucha también la estrofa “Nosotros los subimos y si queremos los bajamos”, en la voz de Piro, cantante dominicano de música urbana.
Al Procurador General de la República también le tocó lo suyo.

Los manifestantes cantaban “El procuradorcito, es Domínguez Brito”, y a coro se preguntaban: “¿Por qué le quitan la visa, al gato Félix Bautista?”.

“A la cárcel, Félix Bautista. A la cárcel los jueces. A la cárcel, los corruptos”, gritan estos protestantes quienes afirman que “al arquitecto –David Rodríguez– lo mató la maldita corrupción”, y cuestionan al partido de turno diciendo: “El pueblo está trabajando y el PLD robando. Le pedimos a esos ladrones, que devuelvan los millones”.

Los manifestantes a sus quejas y allá, a pocos pasos, los choferes de carro público, los taxistas y conductores privados, que se quejan por el cierre de estas vías y que consideran “una falta de respeto a su libre tránsito”.

Todos los días estos tapones y uno gastando combustible, dice un taxista que a baja velocidad cruza la Doctor Delgado.

Mientras, uno de los conductores de la 25 de febrero vocea “esto ta feo, esto es un caos”; otro señor, con forzada cortesía baja el cristal de su vehículo para decir: “¡Y 48 minutos de la Gómez hasta aquí!”.  No se sabe quien afecta a quien, ni quien defiende a quien.

Cada uno a sus intereses.