“Péguense que eso es pa´ cuatro”, vocea uno de los choferes de la ruta 53 que va desde la calle Duarte con Juana Saltitopa hasta el sector Los Ríos, mientras los pasajeros que van sentados en el famoso “palo `e la cotarra” imploran a Dios que no se monte otro.

   Así se trasladan los dominicanos que día tras día abordan los vehículos de las diferentes rutas del Gran Santo Domingo y otras provincias, quienes viajan a sus actividades cotidianas en condiciones físicas inadecuadas.

   Al pasajero Florentino Castillo estos carros le han roto pantalones y camisas en reiteradas ocasiones. Esta podría ser la más simple de las consecuencias que genera un parque vehicular que además de accidentes de tránsito y contaminación ambiental, genera en los pasajeros un sentimiento de inseguridad.

   Cuando el usuario aborda el autobús un hierro le da la bienvenida en el remendado asiento en el que se pretende montar. De un lado un par de jóvenes entretenidos con las canciones que escuchan a través de sus audífonos y que extrañamente no se dan cuenta que todos la están escuchando, y del otro, una doña que desde que la guagua salió de la parada permanece muy risueña mientras habla con la que a cada rato le dice: “Ay sí hermana”.

   Todos parecen estar ya resignados. En la cocina, (el asiento de atrás) viajan cuatro. Uno en la ventana y a quien el sol le da de frente y otra joven que a pesar del calor que impera en esta parte trasera del vehículo, intenta dormir un poco.

   Y cuando parece que ya no se subirá nadie, que ya todos se empiezan a quedar en sus destinos, el chofer se para en una esquina a esperar a otra persona y dice a los que ya están montados: “Dénmele un ladito a él ahí, por favor”. El vehículo de tan forzado, parece que se va de lado.

“Eso es una vagabundería de todos los gobiernos que han pasado por aquí”, dice el pasajero José Rojas, quien coincide con Treici Hogan en que “hay que darle más mantenimiento a los carros, en especial a esas guaguas que se quedan en el camino y que cuando llueve son todo un caos”.

La edad promedio de los carros que ofrecen servicio de transporte en el Gran Santo Domingo es de 25 años, según registros de la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT), lo que implica que circulan unidades todavía más viejas. Entre los autobuses, minibuses y microbuses, es de 14, 15 y 19, en ese orden, detalla el levantamiento de la institución, de 2010.

“Chatarras andantes”

Luis Taveras, presidente de la Asociación Nacional de Agencias Distribuidoras de Vehículos (Anadive) considera que la situación se debe a que “cómo la gente no puede comprar un carro de menos uso, entonces lo repara y lo repara y lo que tenemos es un parque vehicular desfasado”.

  “De nuestro parque vehicular un 70% tiene más de 25 años”, afirma Taveras, quien define como “chatarras andantes” los vehículos que circulan en el país.

   Taveras, quien considera que “la Ley de Tránsito debe aplicarse a todo el mundo, no solo a los vehículos privados sino también los vehículos del Estado”, también dice que “estos carros tienen una tecnología muy atrasada, generan congestionamiento, consumen mucho combustible y son un peligro para la sociedad. Esos vehículos obsoletos generalmente no tienen los neumáticos adecuados; están sumamente afectados y atentan contra la seguridad ciudadana”.

   En ese mismo sentido se expresa Rosalía Sosa, directora ejecutiva de Participación Ciudadana, al decir que “es de rigor legal que cada año los vehículos de motor se sometan a una revisión de sus condiciones físicas y mecánicas, y si superan dicha supervisión se les otorge un documento oficial o “marbete” donde el vehículo de motor queda habilitado para transitar en el territorio nacional”.

   Sosa resalta que “según la Ley 241, la Dirección General de Tránsito Terrestre es la responsable de supervisar que los vehículos estén en buenas condiciones de motor, tales como carrocería y cristales, espejos retrovisores y sistema de luces operando adecuadamente, gomas apropiadas al vehículo, entre otros”, y cree necesaria “más supervisión de las autoridades, porque esto permite menos accidentes de tránsito y más seguridad al pasajero tanto en calles como avenidas y autopistas”.

  Sin embargo, el presidente de Anadive evita la expresión de “renovar”, las unidades de transporte público. “Ya tenemos mala experiencia con el Plan Renove”, expresó Taveras, refiriéndose a la iniciativa que se implementó durante el gobierno del expresidente Hipólito Mejía para sustituir por otras unidades los vehículos del transporte público de pasajeros que se encontraban deterioradas.

Análisis de los expertos:

“Es de rigor legal que cada año los vehículos de motor se sometan a una revisión de sus condiciones físicas y mecánicas”.Rosalía Sosa, directora ejecutiva de Participación Ciudadana.

“Estos carros tienen una tecnología muy atrasada, generan congestionamiento, consumen mucho combustible y son un peligro para la sociedad”. Luis Taveras, presidente de Anadive