En los dos primeros años del gobierno de Nicolás Maduro, el tema económico ha estado de relieve, incluso sobre temas como la seguridad ciudadana y la lucha política. Las quejas más estridentes se escuchan en las colas de los supermercados para conseguir los abastos necesarios para las familias venezolanas. 

Por un lado, hay quienes aseguran que lo que se vive en la actualidad es producto del fracaso del modelo de socialismo del siglo XXI, impulsado por el fallecido presidente Hugo Chávez. Mientras tanto, otros, muy críticos con Nicolás Maduro –cuyo mandato vence en 2019– cuestionan su liderazgo y respuesta ante las demandas de la sociedad. 

Cómo rendir el cada vez más diezmado presupuesto familiar es una de las tareas del venezolano. 
Sin dólares y sin perspectiva de aumentar lo que entra a la república, el margen de maniobra del mandatario bolivariano es escaso. Maduro ha prometido, en su reciente viaje a Rusia, solucionar el tema de desabastecimiento en dos meses. Cómo hacerlo,  ese es el reto. 

Historias de las colas
A José Campos, de 61 años de edad, las filas para comprar comida y los controles le parecen humillantes. “Me parece una humillación que me pidan la cédula para que pueda comprar algo. Me acaban de rebotar (de un supermercado privado) y no pude adquirir suavizante para la ropa porque hoy es sábado y mi terminal de cédula permite la compra el domingo. Lo poco que puedo llevarme es a precio no regulado. Es demasiado caro lo que tengo que pagar para mediocomer”, sostuvo.

“El vacilón de pedir la cédula no es justo. Cuando me toca comprar, no consigo lo que necesito”, dijo, por su parte, Pedro Cabrera en medio de una cola. Tiene que buscar pañales para su bebé, próximo a nacer, “y he gastado 15 mil bolívares (dos salarios mínimos) comprando en los bachaqueros; es un abuso lo que cobran pero no puedo hacer otra cosa”.

Al inmigrante italiano Vito Cipriano, de 86 años, tampoco le gustan las colas, aún cuando cree que la situación podría mejorar; dice que los venezolanos “no saben el país que tienen, no hay mejor lugar que este para vivir”. 
Nally Gutiérrez dice estar horrorizada “porque el Gobierno quiere esconder la realidad y ordena a los supermercados que esconda a la gente haciendo colas. Estoy en un sótano de un negocio esperando para poder comprar pañales desechables para mi hija. En los mercados grandes del Gobierno también mandan a la gente a los sótanos, como si nadie se fuese a enterar… El que no creía que esto es Cuba, pues que venga pa’ que vea”.

Nubia Palacios vive en el pueblo de Cocorote, en el occidental estado Yaracuy. Dice que allá “casi no hay comida, tengo que hacer muchas horas de cola para comprar lo que necesito para alimentar a mi familia. Esto es culpa de la oposición que le tiene una guerra montada a mi presidente obrero Nicolás Maduro”.

Carlos y María Emilia dicen que corrieron con suerte porque consiguieron papel higiénico en el centro de Caracas y no hicieron largas filas. “Llego de repente a este negocio y aproveché. Lo único que me pidieron fue pagar en efectivo”, dijo la mujer de 34 años.
 

Amelia Rosales y Yuly Méndez son primas. Viven en Caracas y no tienen fe de un cambio cercano. “Tampoco creo en las elecciones para cambiar las cosas, eso está comprado”, dice Amelia.
La estudiante Carolina Reyes no tiene más opciones. Compra en los bachaqueros, en su Mérida natal.

“Necesito muchos kilos de harina de trigo porque hago arepas para la venta”, sostuvo.
Carmen Oquendo está segura de que con Chávez no estarían en la misma situación, pues “él pegaba cuatro gritos y le hacían caso”.