La caída en los precios del petróleo hizo mella en el ingreso de dólares al país, lo 
que impidió invertir en la importación.

Venezuela, la nación con las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo (270 mil millones de barriles sin explotar), con una ubicación geográfica privilegiada y recursos naturales en el suelo, como oro, bauxita y uranio, enfrenta la peor crisis económica de su historia reciente.

Su principal ingreso proviene de la venta de petróleo en los mercados mundiales. De cada $100 que entran al país, 96 los aportan el crudo y sus derivados. No hay un parque industrial que exporte manufacturas o productos terminados que agreguen valor a la economía local.

Contrario a naciones vecinas como Brasil y Colombia, cuyas industrias de alimentos, textiles y de vehículos lideran las estadísticas de producción de la región, en Venezuela no se produce nada, o casi nada.

Todo pasa por Petróleos de Venezuela, manejada por el Gobierno. Con la brusca caída de los precios del crudo hace más de un año, la economía criolla comenzó a resentirse. Cálculos conservadores como los del analista Pedro Palma, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, estiman que para este año el país dejará de percibir $10 mil millones de los estimados inicialmente, debido a la baja en los precios del crudo.

“El Gobierno debe cambiar de forma radical su política económica, que se basa en los controles de precios y de cambio”, advierte Palma a Metro. La falta de dólares para importar alimentos, medicinas o insumos para surtir a empresas que producen comestibles es una de las causas fundamentales de la crisis de escasez que azota a esta nación sudamericana. 

“Hace más de un año, muchos advertimos al Gobierno que se debían impulsar cambios en el manejo de la economía porque los precios del petróleo estaban cayendo vertiginosamente y sin perspectivas de estabilización o alzas”, sostuvo el también docente universitario.

Este cóctel explosivo tiene como evidencia las enormes colas que se forman en toda Venezuela en busca de alimentos o medicinas. “No producimos y no hay dinero para importar lo suficiente”, añade otro experto, Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica.

Argumentó que los más pobres son los que hacen filas de horas para poder comprar lo poco que se produce y lo que importa el Gobierno, que se vende a precios regulados. Los de más poder adquisitivo acuden al mercado negro.

Advirtió Oliveros que “el modelo cambiario de 2015 fomenta la corrupción, la formación de mercados negros de dólares, alimentos y medicinas y el bachaqueo”.

Únicos en el mundo

Si algo ha distinguido a la economía bolivariana es su singularidad. En 2014 fue la número uno de inflación en el mundo, con 68.5 %  de incremento de precios, según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV). Analistas privados estiman que para 2015 puede superar el 150 %.

En lo que va de año, el BCV no ha divulgado las cifras de inflación y de escasez. Economistas no alineados con el Gobierno advierten que de cada diez productos no se consiguen seis o siete en los mercados del país, lo que se traduce en un índice de escasez de 70%. Hay productos como la leche y los pañales desechables para niños y adultos que rozan el 90% de escasez.

Las autoridades manejan cuatro tipos de cambio. Al cierre de este reportaje se registraron estas cotizaciones: el anclado en  6.30 bolívares por dólar del Centro Nacional de Comercio Exterior, el de 12 bolívares por dólar del Sicad (Sistema Complementario de Administración de Divisas), tampoco oscila en el mercado, el de 198 bolívares por dólar del Simadi (Sistema Marginal de Divisas) y el paralelo o libre –también conocido como el dólar negro–, 279 bolívares por dólar. Las dos últimas tasas se mueven diariamente. 

El Gobierno se reserva el derecho a importar comida, medicinas y algunas materias primas para la producción agrícola e industrial a 6.30 bolívares por dólar. El de 12 por cada divisa estadounidense es para pagar algunos rubros y para los viajeros por motivos de trabajo o turismo al exterior. Las dos últimas tasas se supone que son para el sector privado venezolano, el cual es acusado por el presidente Nicolás Maduro de promover una “guerra económica” para derrocarlo.

El control cambiario se relaciona directamente con la inflación, advierte el economista Pedro Palma. Según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), los precios escalaron 2.264% entre 1999 (año del ascenso de Chávez al poder) y noviembre de 2013. 

Por otro lado, no hay quien controle el gasto público, otro factor que potencia la inflación. “No se puede trabajar con un enorme déficit fiscal como el que enfrenta Maduro”, 
dice Palma.