Peregrinaciones, promesas, rezos, oraciones y todo tipo de acciones motivadas por la fe, son las que miles de dominicanos realizan cada día 21 de enero, fecha en que la Iglesia católica celebra la festividad de la virgen de La Altagracia, reconocida como madre de Jesucristo, y muchas veces de manera errónea como patrona del pueblo dominicano, título que le corresponde a la Virgen de Las Mercedes.

La Altagracia, una de las advocaciones de la virgen y que desde el siglo XVI se hizo popular entre los nativos de la isla de Santo Domingo, le atribuye a María Madre de Dios, como es señalada por los cristianos, la más alta gracia partiendo de que concibió a Jesucristo, como se narra en la Biblia, por obra y gracia del espíritu santo para lograr que se hiciera carnal y así cumplir las profecías hechas en su nombre y que precisan tenía que morir por los pecados de la humanidad.

Es por esta y otras características religiosas que al conocer la imagen de la virgen, muchos dominicanos han ido desarrollando su devoción por La Altagracia, a tal punto que es común, el 21 de enero de cada año, ver personas de todas partes del país llegar hasta la Basílica de Higüey a dar gracias a “Tatica” por algún favor recibido. “Diana Carolina”, por no querer revelar su nombre, es una de esas personas.

Tiene 28 años, es licenciada en mercadeo y en 2010 prometió a La Altagracia visitar la Basílica si le concedía encontrar un buen marido. Y a pesar de que no era una católica practicante, en enero de 2011 le dio el sí a su esposo, a quien no conocía al momento de hacer la promesa. Meses más tarde, se trasladó hasta Higüey a cumplir su promesa y seis años después continúan juntos recorriendo el camino del matrimonio.

Como este, hay muchos casos de personas que han hecho algún ofrecimiento a la virgen a cambio de un favor o milagro. Son muchos los dominicanos y dominicanas devotos de La Altagracia que ven en el templo, erigido en honor de esta santa de la Iglesia católica, un espacio para dejar descansar sus cargas y buscar consuelo, en un espacio edificado para ser acogedor, pero sobre todo imponente, ante su majestuosidad, evidente en su estructura que fue comenzado a construir en el año 1569 por Simón de Bolívar, antepasado directo del Libertador de América del Sur.

Así se explica en un documento publicado por la Diócesis de Higüey, disponible al público, que precisa que el templo tiene una sola nave sobria, con techo en forma de bóveda que sostienen cinco arcos de elegante sencillez y robustez.

Un templo digno

“La cúpula del templo forma una media naranja completa y una concha cobija el sitio que ocupa el altar mayor. También tiene una estrella formada de piedra (que) es la decoración de la cúpula; en los arcos lucen incrustaciones de series de rosetones”, agrega.

De acuerdo con el documento, “el altar mayor, en cuyo centro se destaca el nicho de plata que ha guardado el Santo Retablo, es obra del siglo XVI, magnífica, ejecutada en rica caoba tallada a mano. La mesa del altar luce un artístico frontal de plata, metal que cubre también la grada y el Sagrario”.

Destaca que la parte anterior de la edificación es sencilla, así como la torre o campanario de escasa elevación. En cuanto a su interior, está compuesto por una nave principal y un crucero cubierto por un conjunto de bóvedas que penetran para reforzarse y escalonarse.

Sin embargo, la virgen no siempre contó con un templo tan imponente. Fue en 1952 cuando el Arzobispo Monseñor Octavio A. Beras bendijo la primera piedra que dejó iniciada la construcción de la basílica actual, que abarca alrededor de 4,680 metros cuadrados, los cuales se hacen insuficientes los días 21 de enero, debido a la gran cantidad de personas que acuden a visitar a la Protectora de República Dominicana, título concedido a La Altagracia por el Papa Pío XI, durante su “Canónica y Pontificia Coronación”, celebrada el 15 de agosto de 1922, acción que reafirmó aún más la devoción que ya existía por la imagen, de la cual hay varias versiones sobre su origen.

Cómo llega La Altagracia a RD

En el documento publicado por la Diócesis de Higüey se explica que La Altagracia es una advocación que tiene su origen (Siglo VI) en España, donde se le conoce como  Virgen de Gracia, específicamente en 337 localidades de ese país.

Según detalla, es durante el período en que gobernó la isla de  Santo Domingo Nicolás de Ovando (alrededor del año 1500), cuando los nativos comienzan a rendirle culto a la virgen.

Dice que en 1502 “llega a la isla con 30 barcos y 1,200 hombres, 77 de ellos naturales de Garrovillas, lugar de gran devoción altagraciana y ya en 1503 se veneraba en la ciudad de Santo Domingo a la Virgen de la Altagracia, muy concretamente en la orilla occidental del río Ozama, a donde Ovando había trasladado la Ciudad”.

Relata que para la época, una mujer de la zona mantenía una capilla de paja, donde se veneraba a la Virgen de la Altagracia, con el beneplácito del Gobierno y del pueblo, lo que evidencia que la devoción viene arraigada en la isla, incluso antes de su constitución como república.

En su explicación, detalla que la fundación de la ciudad sucedió a la par con el inicio a la devoción mariana, hacia el 1505 o poco después.

“Cinco años más tarde aparecen ya en Salvaleón de Higüey los hermanos Trejo, llevando consigo un cuadro milagroso de la Altagracia, que se haría famoso en el mundo cristiano”, afirma.

Indica que su nombre primitivo fue Salvaleón de Higüey y estuvo blasonada con el escudo de armas y el título de Villa, en 1508, concedido por el Rey de España. Sin embargo, originalmente la ciudad original estaba ubicada más cercana a la costa sur de la Isla y fue trasladada al sitio actual varios años después. Aunque es sabido que la construcción del templo actual comenzó en 1952, no se ha podido establecer la fecha exacta de la construcción del primer santuario en honor a La Altagracia.

Cita al cronista Alcocer, quien escribió, en 1680, que el culto de Nuestra Señora de La Altagracia fue introducido en la isla de Santo Domingo por Alonso y Antonio de Trejo, naturales de Placencia, Extremadura, localidad de España, quienes vivían en Higüey ya en el año 1514.

Devoción a La Altagracia

Al revisar el documento se establece que “una tradición respetable refiere que la Virgen llegó a Higüey de una manera milagrosa, siendo el premio de Dios otorgado a una niña de Higüey, la cual la pidió insistentemente a su padre después de verla en sueño”.

Puntualiza que el padre recibió la imagen de un anciano desconocido en una posada al regresar a su casa, de un viaje a Santo Domingo. El suceso podría considerarse contradictorio si ya ha sido precisado que la tradición de esta devoción viene dada por Antonio y Alonso Trejo. No obstante, claramente se podría asumir que una es continuación de la otra y que la petición de la niña pudo suceder años después de que ya en la isla fuera conocida la tradición.

Por qué el 21 enero

La elección de la fecha para conmemorar el Día de La Altagracia tiene su origen en un voto que hicieron los soldados de la región oriental de la Isla el 21 de enero de 1691, durante el combate de Sabana Real o Limonade en la frontera con la colonia de Haití, de acuerdo con el documento ya citado.

En cuanto a la imagen de La Altagracia que se encuentra actualmente en la Basílica de Higüey, está plasmada sobre un lienzo que representa de manera admirable su maternidad divina y está rodeada de un marco de oro y plata, incrustado de piedras preciosas, destacándose unas ricas esmeraldas rodeadas de brillantes.

Esa imagen fue un obsequio de su Santidad Pío X al Arzobispo Nouel que éste donó a la Virgen años después y que ha servido para que decenas de miles de dominicanos, cada 21 de enero, presenten sus plegarias al Dios creador, utilizando como intercesora a la Virgen de La Altagracia, a quien se le atribuyen tantos milagros como devotos existen de esta advocación de la mujer que “concibió por obra y gracia del espíritu santo a quien vendría a redimir al mundo de sus pecados: Jesús”.