La muy negativa opinión que tiene el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, del régimen cubano parece haber disuadido al máximo dirigente ruso, Vladímir Putin, de asistir al sepelio de Fidel Castro para no comprometer su futura relación con la Casa Blanca.

A los funerales no asistirá tampoco el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev. A Cuba acudirá una delegación de rango secundario encabezada por el presidente de la Duma (Cámara Baja del Parlamento), Viacheslav Volodin.

“El presidente Putin no tiene planes de asistir a los funerales de Fidel Castro”, manifestó ayer el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. Según sus palabras, el primer mandatario ruso “tiene una agenda muy apretada (...) está preparando el mensaje ante la Asamblea Federal (ambas cámaras del Parlamento), que es una de las principales actividades del año en el gráfico de trabajo del presidente”.

La comparecencia de Putin, sin embargo, ante diputados y senadores tendrá lugar el jueves 1 de diciembre, lo que le permitiría trasladarse a la isla para participar en las exequias. Pese a ello, Peskov afirmó que, por encargo del jefe del Estado, “será el presidente de la Duma, Volodin, quien encabece la delegación rusa en los funerales”.

Putin ha impulsado en los últimos años las relaciones con La Habana, que llegaron a estar casi muertas en la década de los 90, y sobre todo el eje que pasa también por Caracas, Managua, Quito y La Paz. El primer mandatario ruso reaccionó el sábado al fallecimiento de Castro diciendo que «fue el símbolo de toda un era, creador de una Cuba libre e independiente (...) que fue ejemplo inspirador para muchos países y pueblos».

En sus elogios al jefe de la revolución cubana dijo también que “representaba los más altos ideales como político, ciudadano y patriota. Estaba honestamente convencido de que su causa era justa y a ella dedicó toda su vida”. Trump, sin embargo, tachó ese mismo día a Castro de “dictador brutal”.