La modalidad de asaltos a mano armada asustan, pero los de la autoridad a mano desalmada escandalizan.

En el período de transición hemos presenciado un despliegue de esa actitud delictiva que concibe como botín los bienes públicos.

La Constitución prohíbe legislar en beneficio propio, pero es lo único que hacen con premura nuestros representantes.

El mal ejemplo de los regidores del Distrito Nacional y Santiago basta como prueba. Los de aquí buscan pensiones excesivas y los de allá salarios de privilegio. Lo dijo Cicerón: “la corrupción de los mejores”, la peor. La delincuencia de abajo acabará cuando termine la de arriba.    

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