Federico Henríquez y Carvajal, en su panegírico a Eugenio María de Hostos, dijo: “¡Oh América infeliz que solo sabes de tus grandes vivos cuando son tus grandes muertos!”.

La política, como esa América, solo tiene piedad con los ausentes.

El reposo eterno de los constructores de la historia detiene con el gesto del último suspiro la aleve mezquindad para abrir paso al noble reconocimiento.

Los hombres verdaderamente importantes, como las cordilleras, sobresalen por su pico más elevado.

Hatuey De Camps será por siempre visible para la posteridad política por su coherencia en defensa de la democracia. ¡Adiós, Hatuey!  

Te recomendamos: