La desconfianza es la reacción natural del ciudadano ante cualquier información emanada de un organismo público.

Los escándalos de la justicia funcionaron como un revulsivo capaz de cambiar la percepción sobre la actuación de todas las demás instituciones.

Se piensa, y con razón, que si la corrupción caló los huesos y subió hasta la cabeza de la diosa Temis, entonces la doblez puede esconder el inmoral rostro de las agencias de menor jerarquía.

Las versiones contradictorias de la DNCD y el procurador fiscal de Barahona deben ser aclaradas. El país necesita estar seguro de que cuenta con una agencia antinarcóticos.