Un día como hoy Dios se hizo hombre y, al hacerlo, optó por recorrer la andadura natural de todo humano: nacer del vientre de una mujer.

Él, que todo lo puede y sabe, decidió conocer la vulnerabilidad e ignorancia de la experiencia terrenal. Eligió una familia y fue amado, protegido y educado por ella. José, su padre, le heredó la reputación y el oficio.

María, su madre, le transmitió su sagrado destino de cordero de Dios.

La vida de perfecto hombre no le escatimó ni la felicidad ni el sufrimiento. No olvidemos que nació y murió de amor por todos.