Todo cuerpo tiene un órgano de mando, un cerebro capaz de dirigir a voluntad a los demás órganos.

La corrupción es un fenómeno eminentemente jerárquico, se desplaza de arriba hacia abajo.

Los pies que caminan torcidos obedecen siempre a un cerebro éticamente extraviado. Por esa razón decía Cicerón que la corrupción de los mejores era la peo.

La política es ese órgano rector desde donde emana la voluntad corruptora.

La política criolla es un mercado en donde se compran agradecimientos y se venden oportunidades.

El cerebro político recibe oxígeno monetario y devuelve posiciones o negocios, en un flujo circular inagotable.