Publio Pulcro, un patricio romano nada pulcro, se enamoró de Pompeya, la mujer de Julio César.

El flechazo era tan profundo que, aprovechando una fiesta religiosa a la que solo podían asistir mujeres, entró de paracaídas disfrazado de músico.

Lo apresaron, juzgaron y condenaron por sacrílegio. El César repudió a Pompeya, sabiéndola inocente, arguyendo que no bastaba que la mujer del César fuera honesta, también debía parecerlo.

Elena Viyella dijo que la falsa graduación no empaña el programa de alfabetización. Se equivoca. Ahora muchos dudamos de la castidad del programa. La auditoría debe ser completa.

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