La ambición tiene largas tripas. Come lo propio y lo ajeno. En nuestra mesa democrática todos los comensales que ocupan la silla principal se sirven con los ojos.

La ración de poder en el plato político no la salta un chivo. Semejante dieta produce obesidad política. La gordura resta agilidad. La incapacidad de moverse impide solucionar los problemas. Lo que antes comían por hambre, después lo engullen por ansiedad. 

El PLD tiene la cantina llena de senadores y diputados, pero quiere servirse los de la oposición. Necesitan una bariátrica de sensatez, porque si siguen comiendo de esa forma terminarán ahitos.

Recomendamos:

Metrónomo: Castañas y Gracioso

#LaVerdadVerdad:  El juego limpio