El peso de los gastos excesivos impulsa al Gobierno a buscar los pesos faltantes con mayores recaudaciones. Los cantos de sirena de funcionarios, prometiendo reforma sin aumento de impuestos, no cumplen su propósito seductor.

Los ciudadanos, escarmentados por pasados sufrimientos, se taponan los oídos con cera para no escuchar razones de la sinrazón. 

El dinero que se pide es para el futuro; pero cuando se obtiene, se usa para resolver problemas del pasado. El nuevo hoyo que las elecciones dejaron, por ejemplo.

Lo que dio con largueza la mano izquierda electoral, ahora lo quitará con voracidad la mano derecha gubernamental.

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