La política parece una actividad para saltimbanquis. El equilibrismo más experimentado se requiere para pasar de la oposición al oficialismo. La cuerda está permanentemente tendida.

Lo único que se arriesga al cruzarla es el buen nombre. Los atrevidos prefieren la bonanza de la mala fama a la esbeltez financiera de la seriedad. Surum Hernández la cruzó sin balancearse.

La lucha anticorrupción le dio buen nombre. El buen nombre le permitió aspirar al Colegio de Abogados. El PRM le permitió ganarlo.

Ahora salta desde el Colegio hacia el PLD. ¡Acrobacia sin parangón! ¿Cometió un delito? Sí, el de hacerse un Chacumbele moral.

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