En la selección de la Cámara de Cuentas debe aprovecharse la experiencia de la conformación de la JCE.

El interés partidario en controlar las funciones electorales y fiscalizadoras coloca a estas dos instituciones en el camino de la ambición política.

La Junta interesa para evitar o hacer coca electoral. La Cámara de Cuentas, por su parte, sirve para esconder las cocas financieras propias y descubrir las del contrario. 

El particularismo más irracional gobierna estos procesos de selección.

La JCE escogida es casi buena, porque se quedaron cortos en miembros honorables. El cuento debe ser diferente con la Cámara de Cuentas.

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