El diálogo no es una batalla. La aniquilación o rendición del contrario no es el objetivo. La meta final es el acuerdo que refleje, de manera justa, los intereses y posibilidades de las partes.

El que acepta dialogar sabe que, para lograr un acuerdo, debe sacrificar muchas de sus pretensiones. El lenguaje popular recoge el espíritu justiciero de toda negociación en la frase “dando y dando”.

La mayor derrota para el gremio sería salir del proceso con las manos vacías. Waldo no debe apretar la tuerca hasta correr la rosca.

El intercambio de mayor salario por más horas es justo.

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