Nuestros representantes a menudo representan una inversión sin retorno, porque no hacen nada  o hacen lo que no deben.

El poder que delegamos raramente se traduce en acciones de bienestar colectivo.

Los legisladores prefieren representar los intereses propios y de su partido.

El problema es que esos intereses particulares son poco santos. La inmunidad de la investidura parece a veces impunidad para la inmundicia.

En el contrabando de armas decomisadas por la Dirección General de Aduanas parece estar implicado un legislador. ¡Ni las armas escapan al desalmado interés de algunos legisladores!

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