La violencia aprieta el gatillo del alma antes de que el dedo dispare el arma. La intolerancia salvaje anima la actividad cotidiana de nuestra sociedad.

El valor de la vida se ha perdido, el de la propia y el de la ajena. El recurso de la fuerza, que no debiera ni ser el último, ahora es el primero.

Los problemas de amor, negocios o políticos buscan la solución de un cañón humeante. El círculo vicioso del ojo por ojo enlutece a la sociedad.

El crimen de odio nos hace a todos potenciales víctimas. Desarmemos las almas, para enmudecer las armas.