La política tiene su lado zurdo. Esa mano que la ignorancia azotaba por ser la “equivocada”. La mala fama le viene de lejos. Los augures romanos determinaban la buena o mala suerte de acuerdo con el vuelo de las aves.

La siniestra, malo; la diestra, bueno. Lo infeliz, aciago, desafortunado o malintencionado se asoció con la siniestra.

En lo ideológico gozó la izquierda de buena fama hasta que gobiernos siniestros mostraron que lo positivo en teoría resultaba negativo en la práctica.

La injusticia con la mano izquierda es de larga data. Lo cierto es que la maldad sale de la cabeza y aparece a diestra y siniestra.

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