La veda impuesta por Hatí a productos dominicanos desapareció de forma tan misteriosa como fue establecida. La frontera terrestre quedó cerrada como por un conjuro, porque nunca llegó por los canales formales notificación de la prohibición.

La existencia de la veda quedó documentada en las abusivas acciones de las autoridades haitianas sobre su pueblo. Los huevos rotos o la harina confiscada dejaron en la quiebra a más de un comerciante. El canciller, Pierrot Delienne, ahora nos dice que nunca existió.

La veda, al parecer, era un zombi movido por una voluntad desconocida. La diplomacia vudú la suspendió con un gesto.

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